De cal y de arena


Cuando uno ve la forma en que el acuerdo parlamentario permitió la aprobación de leyes y destrabó la agenda legislativa que habí­a sido frenada por la utilización de tácticas dilatorias por el partido Patriota, tiene que pensar en que al final de cuentas hay de cal y de arena, pero también cobra vigencia la ya célebre frase del anterior director de la OIM en el sentido de que en Guatemala no hay obra sin sobra.


Y es que plausible fue que se aprobaran las leyes que requerí­a la CICIG para avanzar en la lucha contra el crimen organizado y la impunidad en el paí­s y lo mismo puede decirse aún de la aprobación de los bonos que servirán para superar la terrible baja en la recaudación fiscal por la crisis, tomando en cuenta que si el Estado paraliza inversiones contribuye más a que la recesión nos pegue de lleno. Pero nadie en su sano juicio puede estar a favor de la forma en que se aprobó el préstamo para la construcción de la Franja Transversal del Norte porque el olor a corrupción es espantoso.

En efecto, se trata de un financiamiento para una obra que los expertos han señalado como burdamente sobrevalorada y que ya tiene dedicatoria para la empresa israelita a la que se habí­a adjudicado en medio de serios cuestionamientos que obligaron a frenar la contratación. Ahora se ratifica la misma con el agregado de que los constructores ya no tienen que buscar financiamiento porque el Estado se los consiguió.

Creemos que en el ejercicio parlamentario las negociaciones son importantes y que el interés nacional tiene que obligar a partidos de distintas tendencias a ponerse de acuerdo para impulsar leyes que son necesarias para el paí­s. No vemos negativo el hecho de que con base en acuerdos polí­ticos se establezcan coaliciones de coyuntura que puedan funcionar como aplanadoras, pero lamentablemente muchas veces los acuerdos no son por criterios polí­ticos, sino componenda económica y ello es mucho más marcado cuando se tienen que decidir cuestiones con ribetes de corrupción como puede ser este caso de la necesaria obra en la Franja Transversal del Norte, que se vuelve tan cuestionable por la forma en que se ha dispuesto su ejecución.

Valiosa y digna de mención ha sido la actitud de diputados que con argumentos sólidos se opusieron a esa aprobación dispuesta por la mayorí­a abrumadora, porque queda la constancia de los cuestionamientos generados por la forma en que se manejó todo el proyecto. Obviamente se trata de una obra que deja abundante sobra para repartir y de hecho en el Congreso fue comidilla que hubo «compensación» a los que votaron a favor, lo que confirma que la aplanadora funcionó para dar una de cal y otra de arena.