Con la cabeza envuelta en un turbante, Kerline Etienne da las gracias a Dios sacudiendo las manos en el aire. Con aspecto débil su hija, que sobrevivió al sismo por milagro, vuelve a su tierra tras pasar más de una semana en un barco hospital y 15 días bajo los escombros en Puerto Príncipe.

Darlí¨ne, de 16 años, aparece con el estrépito del helicóptero que la trasladó desde Siroco, barco de la Marina francesa anclado en la capital haitiana, hacia un hospital de campaña en el Liceo Francés.
Mientras Kerline se seca las lágrimas, Josselyn y Pricelin, el primo y el hermano de Darlí¨ne, saltan de alegría y se abrazan.
Con una vestimenta azul de hospital y la cabeza tambaleando, la joven apenas reacciona cuando su madre le toma la mano. «Â¿Estás bien? ¿Puedes comer?, pregunta Christophe Antzenberger, uno de los socorristas franceses que la sacaron de las ruinas el 27 de enero.
La joven asiente con la cabeza. Tiene la mirada perdida. Su madre se pone de rodillas a los pies del sillón. El día que la encontraron, Darlí¨ne hablaba más: «sálvenme», gritó al escuchar a un vecino buscar entre los escombros. Y cuando le respondió, la joven dictó el número de teléfono de su familia.
Luego de haber sido alertados, los socorristas tardaron una hora y media en sacarla. «Es un placer verla en buen estado, cuando salió estaba muy cansada», recuerda Gwenaí«l Bardoul, miembro del equipo de rescate.
«Hasta ahora nadie creía que se podía pasar 15 días y 15 noches sin comer ni beber y sobrevivir», explica el médico coronel Michel Orcel. «Verificamos si había tenido la posibilidad de tomar agua, enviamos equipos al lugar, no había agua», afirma el médico aún atónito. «Esto pone en cuestión algunas cosas que creíamos saber en el plano fisiológico».
«Es un regalo de Dios», dice Pierre-Paul que traduce lo que dice la madre de Darlí¨ne. «Repite que es un regalo de Dios».
«Todo el mundo estaba contento» cuando se enteraron que verían viva a la adolescente que todos creían muerta, cuenta Pompée Emmanuel, el vecino que alertó a los socorristas.
«Me dijo que estaba contenta porque hoy se reencontró con su familia», dice por su parte Pricelin, su hermano más grande de 18 años. «Es un milagro», agrega en creole.
Ningún miembro de la familia murió en el sismo. Sin embargo, ya no hay mas casa. Darlí¨ne estaba en la de una tía cuando la tierra tembló el 12 de enero.
Toda la familia se mudó provisoriamente a la casa de unos primos a unas tres horas de ruta al norte de Puerto Príncipe.
Sin embargo, diferencia de lo que pensaba su madre, Darlí¨ne no regresará enseguida junto a su familia. Tiene que quedarse dos o tres días más bajo observación médica antes de «regresar a su casa en condiciones materiales muy precarias», explica Michel Orcel.