Danza millonaria en escenario de crisis


Al público lector, acaso de poca monta, el encabezado de esta columna parecerá contradictorio. Oí­mos a diario hablar de millones de dólares y su equivalente en quetzales devaluados. Por supuesto a nivel de gobierno central, relativo a operaciones diversas de orden monetario, llevadas a cabo. En tanto del colectivo nada, sólo entre nubes oscuras.

Juan de Dios Rojas

Divulgan a veces muy orondos, pero es usual en furibundo hermetismo, cuando tocan lo siempre desconcertante, acerca de costos de obra fí­sica, tipo megaproyectos. Dan la sensación de perplejidad al término inclusive de obra vial, tocante a cantidades exorbitantes, como si esos trabajos fuesen de verdad semejantes a ejecuciones en lí­nea faraónica.

En sí­ntesis queda uno admirado al enterarse en definitiva del hecho simple, concerniente a meras reparaciones de trabajos cuyo costo -reitero- asciende a millones de quetzales que vuelan, en honor al nombre del ave sí­mbolo. Reparaciones sobrevaluadas, empero, en cualquier caso las mismas carecen de calidad por completo. ¡Qué despelote tan fuerte!

También reciben el calificativo de constante los préstamos del Ejecutivo, autorizados, o con el aval del Congreso de la República, en bancos internacionales. Consecuencia, ni vuelta de hoja, constituye un endeudamiento externo por sumas millonarias de dólares. Por consiguiente, en quetzales vienen a ser cantidades enormes que suman y siguen de frente.

Ajenos a ser sabihondos, bastan nada más dos dedos de frente a fin de entender con facilidad que pasamos momentos de una danza millonaria en escenario de crisis. Pasmosa realidad, demasiado apabullante, con repercusión tremenda. Respecto a la reconstrucción nacional que merece prioridad uno, el caso obliga a dicha danza, aunque suene y golpee duro.

La mantenida operación reflejante a llover sobre mojado, vale decir las famosas transferencias, motivo son dirí­ase obligado de mencionar millones de millones. Ante la ausencia de transparencia, estribillo de marras, empero, nada en concreto. Razón de sobra entonces para que la eterna duda poblacional sea persistente con visible notoriedad.

Cuando al final de cuentas tienen gana indican asuntos relativos al mundo diplomático, también acerca de los constantes viajes del presidente Colom, sale a luz una sumatoria creciente de dólares. Nada más y nada menos respecto al renglón de viáticos «imperiales», preferible resulta conveniente respirar o tragar hondo y contar hasta diez, evitando un infarto.

Tampoco podemos tener amnesia, tratándose de compromisos de pago que debe cumplir el gobierno central. En modo alguno es prudente caer en la lista negra de morosos ante instituciones de naturaleza internacional, o bien la figuración de deudores desacreditados, en condición de en el ojo del huracán de cuerpo entero falto de formalidad.

Todo dentro del concierto de la modernidad de naciones del orbe, implica renglones que subyacen millones dondequiera. Y eso que pasamos una época de crisis económica en todas las latitudes, léase recesión financiera severa. Con el añadido de diversos tópicos enlazados, o en cadena, que representan una complicada y difí­cil consecuencia.

De tanto oí­r, ver y tener conocimiento de tal danza millonaria en el escenario de crisis recalcitrante, nada difí­cil viene a ser que las entendederas puedan confundirse, en el peor de los casos. El ejemplo evidente lo constituyen los robos millonarios registrados en las arcas nacionales, sin abandono de la nefasta impunidad, a las claras y punto.

En ese orden de ideas, inclusive mueve el escándalo económico, a tiempo de descubrirse a menudo la cantidad millonaria de quetzales por evasión fiscal y concerniente al contrabando aduanal. La implicación significativa va en detrimento presupuestario, ya imparable, no cabe la menor duda. Son situaciones que se protagonizan tristemente en el paí­s.