No sé por qué las mentalidades que están rigiendo en los entes autónomos, en los ministerios encargados de la infraestructura y en general en las más grandes decisiones vinculadas al interés público, se me parecen mucho a las mentes que reinaron en los gobiernos de Arzú y Berger. Entonces, estamos dando vueltas, como en espiral!!
Se trata de las mismas soluciones, se trata de la intromisión de similares personajes, y por supuesto de los grandes y medianos bufetes de abogados corporativos que tratan de buscar el gazapo en la oscuridad, tal es el caso de aquella figura del “Patrimonio Unitario”, que descremaba a Guatel, vendiendo la empresa a un “prestanombres”, tan bien caracterizado en fecha reciente por Paco Pérez de Antón, cuando habla de las dimensiones que tuvieron esos tipos, capaces incluso de estrangular un importante medio crítico de opinión, como lo fue Crónica.
Y hablando de Paco Pérez, por supuesto que en todos estos gazapos como el de Guatel, como el que usó Fritz García-Gallont con Fegua, y como el que hoy usa Alan Marroquín y sus jefes con la portuaria, se ponen en juego las propias ideas liberales, sobre las que se supone están erigidos gobiernos de esta corte.
Y me pregunto yo si eso es lo exitoso cuando los teóricos de la inversión extranjera hablan de abrir el país a la búsqueda de tecnología, de dinero foráneo y de ideas nuevas para modernizar los servicios públicos.
Y hagamos una evaluación: es cierto que estamos colmados de teléfonos celulares, pero se trata de un oneroso servicio para los consumidores y carente de las más mínimas regulaciones, al punto que cientos de guatemaltecos han sido violentados en su integridad, sin que autoridad estatal alguna haya movido un solo dedo para contar por lo menos con un mecanismo que evite el robo de tales aparatos.
Y no digamos con el caso de Fegua que llora sangre, y que se parece bastante al proceso que ahora culmina con la entrega de valiosos terrenos del puerto del Pacífico a una compañía española, que dicho sea de paso, es tan prestigiosa en el mundo, que muy bien hubiera podido respetar los procedimientos éticos y morales que debieran caracterizar a cualquier empresa moderna, que sea temerosa de los riesgos reputacionales.
Lo cierto es que desde los tiempos de Estrada Cabrera, para no remontarnos más en la historia, hemos sido abiertos a la mal llamada “Inversión Extranjera Directa”, principalmente sedienta del uso y abuso de los monopolios de los servicios públicos; sin embargo, a mi juicio, los resultados no creo que hayan sido los más satisfactorios, ni para el consumidor, ni por supuesto para los intereses colectivos, cobijados en el manto de la acción estatal y del propio Estado guatemalteco, por supuesto.
Y la culpa la tenemos todos: los votantes, la prensa por supuesto, las universidades que no dicen ni pío. Reacciones las hay, pero extemporáneas; las cosas se hacen y no hay poder que por lo menos las neutralice. Incluso, nuestros operadores de tecnología extranjeros cambian de manos, de la noche a la mañana, como sin avisar, sin que exista un análisis serio al respecto, como ha sucedido en fechas recientes con las empresas extranjeras que dominan en el subsector eléctrico.
¡¡Y mientras tanto, el futuro seguirá, dando vueltas, como en espiral!!