«Cumbre» por agresiones a «emos»


Tienen entre 14 y 20 años, ropa negra embarrada en el cuerpo, lacios cabellos que cubren el rostro, donde se distinguen ojos con lentes de contacto; son los «emos», un grupo ví­ctima de agresiones y que ha llevado a la alcaldí­a de México a convocar a una «cumbre» de tribus urbanas.


«»Emo» viene de emociones, de emotivo. Somos muy sensibles, oí­mos una canción triste y lloramos, nos la «jalamos bien gacho» (exageramos mucho)», dice Alejandra, una «emo» de 20 años que acude a diario a la capitalina Glorieta de Insurgentes, punto de reunión de esta «tribu» urbana.

A los «emos» es habitual verlos al caer la tarde en una plaza capitalina de un transitado cruce donde estos jóvenes se tiran en el suelo, fuman un cigarro, dialogan entre ellos.

«Emos» hay en varias ciudades de México, como Querétaro (centro), desde donde se desató sin embargo una campaña contra esta tribu urbana que desencadenó un enfrentamiento, el 7 de marzo, en una plaza de esa localidad con saldo de 22 menores detenidos.

Seguidores de los movimientos «punk», llamados «punketos», y «dark», conocidos como «darketos» u «obscuros», fueron señalados como los promotores de esta campaña que se difunde por internet con frases como «haz patria y mata a un emo» o «mueran los pinches emos».

El «crimen» de los «emos», según estas páginas de internet, es haber «plagiado» la vestimenta y la música de otras tribus urbanas, aunque organizaciones de izquierda atribuyen esta «campaña anti-emo» a sectores conservadores.

Esos grupos negaron a su vez ser los impulsores de las agresiones y acusaron a «infiltrados profesionales» como los responsables, tras una «cumbre» realizada el martes entre varias tribus urbanas en el Instituto de la Juventud.

«Los emos vestimos de negro, con playeras y pantalones pegados, usamos pupilentes (lentes de contacto), unos se delinean los ojos, nos alaciamos el pelo. Hemos tomado un poco de todas (las tribus urbanas), pero nuestro «look» (aspecto) es un poco como las caricaturas japonesas», añade Alejandra.

Estos jóvenes también son señalados de no tener una ideologí­a definida como ocurre con otros movimientos urbanos y de sólo ser un producto de «consumo» que además promueve el suicidio.

«A algunos emos les gusta lastimarse con navajas, cortarse. Esto es porque somos muy emotivos, y es mejor un dolor fí­sico que un dolor emocional. Algunos dicen «vamos a suicidarnos», pero la verdad nadie lo hace», dice Paola, una «emo» de 18 años.

Las preferencias sexuales es otro de los puntos distintivos de los «emos», quienes muestran un aspecto andrógino.

«Hay mucho emo gay, lesbianas. En mi caso tengo a mi pareja chava, pero no cambié de preferencia sexual por ser emo, yo siempre he sido así­. Si hay emos «buga» (heterosexuales), pues no hay bronca, los respetamos», dice Alejandra.

La forma de interrelacionarse entre los emos es otro punto de discusión pues suelen tener encuentros de carácter sexual, sin llegar al coito, libres de toda atadura.

«Hay antros (bares) para emos, donde tomamos, fumamos y nos «mamaseamos». El «mamaseo» es un «faje» (manoseo entre parejas) de a gratis. Se te acerca un chavo o una chava y te dice «Â¿quieres mamasear?» y te pones a mamasear sin preguntarle su nombre, su edad, nada», añade Alejandra.

«Aquí­ casi todos son «bi» (bisexuales), casi todos nos «mamaseamos» contra todos», lanza de su lado Rodrigo, un «emo» de 16 años que en un principio negó pertenecer a este grupo porque ya está cansado, dice, de las «agresiones y las discriminaciones».

Si bien las agresiones a los «emos» en la Ciudad de México se han concretado con conatos de enfrentamiento, gracias sobre todo a la presencia policial, el Instituto de la Juventud de la capital promueve un acercamiento entre los distintos grupos urbanos.

«Vamos a miembros de los emos, «punketos», «oscuros» y a otros grupos para que se expresen, para que se conozcan, para terminar con esta intolerancia», explicó Javier Hidalgo, director del Instituto de la Juventud.