Cultura de paz


En los umbrales del siglo XXI la humanidad amenaza a su propia existencia. La degradación del medio ambiente, la pobreza y el crimen organizado son signos de la cultura de violencia y muerte, esa situación debe revertirse.

Factor Méndez Doninelli

La idea de una cultura de paz surgió por primera vez en el Congreso Internacional sobre la paz en la mente de los hombres, que se celebró en Yamusukro (Cí¶te d»Ivoire) en julio de 1989. El Congreso instó a la UNESCO a «contribuir a la construcción de una nueva concepción de la paz mediante el desarrollo de una cultura de la paz, fundada en los valores universales del respeto a la vida, la libertad, la solidaridad, la tolerancia, los derechos humanos y la igualdad entre mujeres y hombres».

La Declaración de Yamusukro llamó la atención de la UNESCO para que promoviera la educación y la investigación y desarrollara propuestas para que, «reforzara la aplicación de los instrumentos internacionales existentes y potenciales relacionados con los derechos humanos, la paz, el medio ambiente y el desarrollo». La citada Declaración exhorta a la UNESCO a retomar su misión original de «contribuir a la paz y a la seguridad estrechando, mediante la educación, la ciencia y la cultura, la colaboración entre las naciones».

La cultura de paz debe extenderse como pandemia por todo el planeta, a efecto de que la humanidad aprenda nuevas actitudes y comportamientos que refuercen valores, conductas y estilos de vida no violentos. Para que se respete el derecho de las personas a ser diferentes y a tener una existencia pací­fica y segura dentro de su comunidad.

La cultura de paz está fundada en valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida compartidos, basados en la no violencia y el respeto de los derechos y libertades fundamentales, en la comprensión, la tolerancia y la solidaridad, en la coparticipación y la libre circulación de la información, así­ como en la plena participación y fortalecimiento de las personas, grupos y sectores sociales vulnerables. Esta cultura debe promover el irrestricto respeto a los derechos individuales y colectivos con el fin de valorar y respetar la vida en todas sus manifestaciones, la dignidad humana, la convivencia armónica, la empatí­a y el desarrollo fí­sico, mental, espiritual, cultural y social de las personas.

La situación de violencia social que se manifiesta en el paí­s, hace necesario implementar medidas y planes nacionales para revertir esa situación. El Acuerdo Nacional para el Avance de la Seguridad y la Justicia presentado hace pocos dí­as por el presidente de la República, es un paso positivo y decisivo para mejorar las actuales condiciones de inseguridad pública y desconfianza en el sistema de administración de justicia.

Para avanzar en esa dirección es indispensable crear condiciones para que exista la JUSTICIA pronta y cumplida en lo jurí­dico, social, económico y polí­tico; IGUALDAD en dignidad y derechos ante la ley y de acceso, sin discriminación, a las oportunidades económicas, polí­ticas, sociales, educativas, culturales, de salud, vivienda, salario y trabajo; EQUIDAD en las condiciones para el desarrollo individual y colectivo, urbano y rural, y de las personas pertenecientes a los distintos grupos que conforman la nación guatemalteca; por último, TOLERANCIA a la diversidad de opiniones, creencias y expresiones de voluntad no violentas en el marco del respeto a los derechos de las demás personas.

LA CULTURA DE PAZ NO SE IMPONE, SE PRACTICA.