Culmina el Carnaval de Rí­o


Una miembro de la escuela de samba Beija Flor danza durante la clausura del carnaval de Rí­o de Janeiro.

La segunda y última noche del desfile de carnaval del Sambódromo de Rio de Janeiro acabó hoy de madrugada a todo vapor con el desfile de seis escolas y con brillo de la actual campeona Beija Flor, que hizo vibrar al público con una imponente puesta en escena.


La tradicional Beija Flor, de la ciudad vecina de Nilópolis, cerró la jornada tras una exuberante exaltación de las leyendas y bellezas naturales del estado de Amapá, en el norte del paí­s, lo que la convirtió instantáneamente en favorita del público y la crí­tica para retener el cetro obtenido en 2007.

Tras la pirotecnia de rigor, la escuela simbolizada por el «colibrí­» marcó a fuego su paso con un desfile bien coordinado, una samba pegadiza, vestimentas coloridas y muchas beldades entre sus 4 mil 200 miembros, incluida la joven Raí­ssa de Oliveira, de 17 años.

Así­ pasaron 41 alas con ocho carrozas alegóricas, muchas que cortaban el aliento como la que abrió, «Brillo de Fuego», un gran y costoso móvil a base de acetato dividido en dos partes, que representaba fenómenos del Sol con luz incandescente roja y amarilla y lleno de colibrí­es emplumados.

La jornada comenzó anoche con la pentacampeona Mocidade Independente contando la historia de la llegada en 1808 de la corte portuguesa que huí­a de Napoleón. Carros y vestidos con aire imperial predominaron en su paso, realzado por la bella reina de baterí­a, Thatiana Pagung.

Representaciones de la llegada de los esclavos, carabelas y suntuosos palacios recorrieron la Marqués de Sapucaí­.

Después fue el turno de la Unidos da Tijuca, que al igual que en los últimos años, dio rienda suelta a la creatividad para abordar el tema de las maní­as humanas y los coleccionistas.

Así­ muñecas, obras de arte, libros y relojes estuvieron presentes condimentados con mucha dosis de sus colores -el amarillo y azul- y por la ex del fallecido piloto Ayrton Senna, la rubia Adriane Galisteu, reina de una baterí­a repleta de «gnomos».

Imperatriz Leopoldinense desfiló tercera y también habló de la realeza, esta vez recordando a las distintas «Marí­as» de la historia, desde Marí­a la Loca, madre del rey Joao VI de Portugal hasta Marí­a Antonieta en Francia.

Muchas banderas francesas y portuguesas, soldados, escudos y coronas imperiales, caballos y palacios se vieron en su paso.

Ya la Vila Isabel salió apoyada por su gran «torcida» y reforzada por la presencia de la Miss Brasil y vice Miss Universo, Natalia Rodrigues, que impactó a muchos. Su «enredo» se basó en un homenaje a los trabajadores brasileños, su historia de luchas y conquistas sociales.

Para abrir su desfile de 3.800 personas mandó una carroza impresionante con 3.500 litros de agua, fuentes, mujeres de senos al aire y mucha vegetación. Además, carros recordaron a todas las comunidades de inmigrantes, las plantas montadoras de vehí­culos de Sao Paulo y al venerado Getulio Vargas (1882-1954), cuatro veces presidente y apodado «padre de los pobres».

Penúltima en salir, la Grande Rio también se puso entre las favoritas con un desfile sobre la importancia del gas natural, sus usos y el proceso de formación de los hidrocarburos, viajando desde la Amazonia hasta las ciudades.

Así­ fue que pasó por la era de los dinosaurios hasta las modernas plantas de procesamiento, presentando entre otros un gran «carro robot» y otro con grandes tanques de gas doméstico. Su reina, la ascendente actriz Grazi Massafieri, robó los flashes con su sensualidad.

El domingo Sao Clemente recordó el arribo de la corte portuguesa, Porto da Pedra evocó con brillo el centenario de la inmigración japonesa a Brasil, Salgueiro hizo una elogiada oda a Rio y los cariocas, y la tradicional Portela, ganó puntos con original canto a la naturaleza.

Una de las más esperadas fue Unidos do Viradouro con «Â¡Es escalofriante!», todo lo que provoca terror y repulsión.

Un carro blanco con gente amordazada protestó contra la censura de la justicia, que prohibió presentar un móvil que representaba el Holocausto judí­o.