Por andar viendo micos aparejados nuestros funcionarios públicos pierden lastimosamente el tiempo en quejas, lamentos y reclamos en lugar de volcar toda su atención a las cosas que realmente importan a la población. Una de ellas, es el vital servicio de transporte urbano, rápido, cómodo, puntual y eficiente para que los usuarios puedan cumplir con sus labores y responsabilidades, como para que no sigan siendo acarreados como ganado rumbo al matadero. Entiendo perfectamente que nuestras autoridades se molesten porque cualquier «buey» critica el Transurbano (ese fue el calificativo empleado por el alcalde Arzú para quienes opinamos de manera distinta a lo que él piensa) pero sin demostrar lo contrario.
Quienes censuramos la forma y modo empleado para organizarlo no nos dejamos llevar por intereses particulares o políticos, al contrario, porque cada día que pasaba la solución al transporte colectivo de pasajeros en nuestra ciudad capital seguía siendo un descalabro sin visos de componerse. De ahí, que cuando se empezó a hablar del Transurbano pusimos nuestra mejor atención para no permitir que se volvieran a repetir las componendas tras bambalinas, los malévolos contratos y hasta de aprovecharse de sus loables fines para lograr prebendas y ventajas de cualquier especie. Pero, triste y lamentablemente ¡otra vez! Nuestros temores se hicieron realidad.
Tanta bulla, propaganda y tiempo empleado para que a la hora de inaugurarlo no hayan puesto suficientes unidades al servicio de los usuarios, apreciando que mientras los «tomates» iban abarrotados, los de azul y blanco marchaban vacíos; las máquinas validadoras o lectoras de las tarjetas no funcionaron con todos los tipos y tampoco para los de la tercera edad y los minusválidos; por otro lado, los menores también tuvieron problemas para utilizarlo y por la forma que diseñaron las rutas, a los usuarios les representó tener que abordar más buses que antes. En fin, que fueron inútiles tantas promesas empeñadas, porque a la hora de la verdad, tan ansiado sueño no pudo hacerse realidad.
Ojalá que lo citado resulten ser problemas de menor importancia y fáciles de resolver, porque no sería nada constructivo, mucho menos esperanzador que solo cambiaran los colores de los vehículos y que el servicio urbano de pasajeros resultara igual o peor que el anterior. De ahí que el fin que perseguimos con este comentario no es otro que el de alertar, poner sobre aviso o prevenir a nuestras autoridades porque la gente esté a punto de reventar, como que un día de estos, volvamos a revivir el apedreo de vehículos o su vengadora quema, lo que a la postre solo vendría a complicar todavía más la triste situación en que vive la población guatemalteca. De ahí, señor Presidente, alcaldes, transportistas y demás encargados de mejorar el transporte colectivo de pasajeros en sus distintas comunidades, por favor tomen nota, suficientes problemas tiene ya la población como para que se les siga engañando o mintiendo innecesariamente.