Cuidado con las nanopartí­culas


Contra la salud. Las nanopartí­culas podrí­an tener un efecto dañino en la salud, si es que se acumulan en grandes proporciones. (ARCHIVO / La Hora)

Las nanopartí­culas penetran en los pulmones, las microgrietas de la piel y probablemente en el cerebro mejor que las partí­culas de mayor tamaño, según un estudio del Instituto Nacional de Investigación y de Seguridad (INRS) de Francia, que llama a una mayor prevención en el ámbito laboral.


«Algunas partí­culas ultrafinas pueden ser más peligrosas que las partí­culas de mayor tamaño de la misma sustancia» y tienen «propiedades especí­ficas» que de momento no se conocen bien, destacó ayer Benoí®t Hervé-Bazin, al presentar a la prensa los resultados de la investigación.

Cuando su tamaño desciende por debajo de las 20 millonésimas de milí­metro (20 nanómetros), las nanopartí­culas que se depositan en el sistema respiratorio no pueden ser digeridas por las células «macrófagas» que limpian los pulmones.

Compuestas de algunos centenares o miles de átomos aún experimentales, las nanopartí­culas empiezan a aplicarse en la cosmética, la medicina (nanoimplantes, nanodetección, destrucción de tumores, etc) y la industria, concretamente en los sectores automovilí­stico, electrónico y quí­mico.

Además de los pulmones, los expertos del INRS han detectado también un «posible paso de de ciertas partí­culas al cerebro» por el nervio olfativo o el nervio trigémino, al nivel de la nariz.

«Las modalidades y la importancia de este paso dependen de la naturaleza de la partí­cula, de su superficie, su tamaño y su solubilidad», según la investigación del Instituto, titulada: «Las nanopartí­culas: ¿un asunto fundamental para la salud en el trabajo?».

Por su lado, investigadores estadounidenses han formulado una hipotética correlación entre la inhalación de estas nanopartí­culas y el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

En el ámbito de los productos cosméticos, los resultados de los estudios cientí­ficos son contradictorios. Por ejemplo, la penetración en la piel del dióxido de titanio utilizado en las cremas solares está probado según algunos, mientras que otros rechazan la tesis.

«Globalmente, parece posible una cierta penetración en la piel», dicen los investigadores, que precisan que «las flexiones cutáneas repetidas, normales en una actividad laboral, favorecen una profunda penetración».

Al tiempo que destaca la dificultad de medir el impacto de sustancias tan pequeñas, Hervé-Bazin recuerda los estragos causados por la exposición al amianto y considera que «sabemos ya bastante del tema como para permanecer inactivos».

Sin embargo, en muchos laboratorios siguen sin tomarse medidas de protección tan elementales como el ponerse una mascarilla.

Los ingresos mundiales generados por la nanotecnologí­a, superiores a los 40.000 millones de euros en 2001, según la Comisión europea, podrí­an elevarse a más de 700.000 millones en 2008 y superar el billón de euros en 2015.

«Algunas partí­culas ultrafinas pueden ser más peligrosas que las partí­culas de mayor tamaño de la misma sustancia y tienen propiedades especí­ficas que de momento no se conocen bien»

Benoí®t Hervé-Bazin

investigador médico