La respuesta del canciller Harold Caballeros a uno de los diplomáticos el lunes pasado, sin querer, aunque no del todo, trajo un poco de respiración al gobierno que sentía la presión sobre dos de sus ministros más importantes, según la relevancia que se les da en el país: Mauricio López Bonilla, de Gobernación y Ulises Anzueto, de Defensa, y obviamente sobre el propio Pérez Molina.
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El problema de Caballeros al responder al diplomático, fue efectivamente comparar la cifra promedio de muertes por violencia diaria que se da en el país con el número de fallecidos en los incidentes de hace una semana, porque, aunque el saldo de los eventos en la Cumbre de Alaska es menor al dato comparado, es la forma en que fallecieron los campesinos lo que debería indignar al país y a todos los sectores que se vieron involucrados.
Y todo depende de cómo lo quiera ver cada sector. En primer lugar, están los que piensan que pueden bloquear cualquier carretera sin que eso deba representar un problema para el resto de ciudadanos que se sienten ajenos a cualquier problema que no les afecta directamente.
También están los que creen que se debe manifestar el día domingo y en alguna plaza o a la orilla de la carretera para que no se afecten los intereses de otros sectores y que cada quien vea cómo soluciona sus propios problemas. Sin embargo, debido a posiciones tan inflexibles, es que se tienen resultados verdaderamente trágicos que no contribuyen ni una migaja a encontrar solución a los problemas que tenemos en el país.
Si en algo tenía razón Caballeros, es que la situación del jueves pasado, los hechos violentos de ese día por el desbloqueo en la carretera Interamericana, no cambiarán en nada la forma en que se dialoga en el país. Es decir, la forma en que grupos sociales tratan de hacer presión para que desde su perspectiva al fin las autoridades escuchen sus demandas o la posición de una fracción del sector privado a no ceder ni un palmo en su postura.
Para entender eso, solo faltará escuchar el discurso del Presidente hoy en el Encuentro Nacional de Empresarios, donde seguramente les dirá a los presentes que son ellos, el sector privado, los únicos que tienen la capacidad de crear empleos, los únicos que pueden lograr que el crecimiento económico sea mayor al que siempre tenemos y que él, como servidor público, al igual que su equipo, solo deben ser facilitadores de los negocios y no obstaculizar la actividad de emprendedores visionarios que supuestamente tienen en ese sector.
No sería la primera vez que lo hace, que les habla al oído, que les dice que no permitirá bloqueos, o que cada ciudadano puede manifestar su inconformidad, pero de acuerdo al marco legal vigente y que él hará cumplir. Y claro está, no faltará la ovación generalizada y casi excitada de los que lo escuchen.
Cuidado con lo que se dice, porque puede ser que, al igual que otros funcionarios, peque de sinceridad y se le salga, en un derroche de autocomplacencia, para quienes en realidad trabaja. Yo me quedo con lo que dijo ayer en La Hora Miguel Angel Balcárcel, el coordinador del diálogo del gobierno. Es decir, que se debe aprender a ceder un poco en las posiciones antagónicas para en realidad avizorar un punto de encuentro, donde los beneficios sean comunes. Jamás creer que imponer es la solución.
Es tiempo de deducir responsabilidades a los ministros citados al inicio de este artículo.