Cuidado con el celular


Es normal que la mayorí­a de los adultos posea un teléfono celular, esto a nadie impresiona. Hace 50 años tener un teléfono de lí­nea fija era un lujo, cómo imaginarse que todos iban a poder disfrutar del sistema de teléfonos celulares cuyos avances son tan variados que existen aparatos que le permiten conexión a Internet, videoconferencia, mensajes escritos, música, cámara fotográfica y demás.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

En todo hay contrapartidas. Los teléfonos celulares han facilitado la delincuencia, la Internet permite que personas inescrupulosas inventen nombres, tengan múltiples correos de donde enví­an opiniones que son prácticamente agresiones anónimas; ha permitido actos censurables como la pornografí­a infantil y la pornografí­a en general.

 

Cada dí­a se hace más evidente y necesario normas de conducta personal, familiar e inclusive medidas legales que eviten los abusos. Varias universidades han realizado estudios y han comprobado que el uso indebido del teléfono celular, del enví­o y de la recepción de mensajes es motivo de graves accidentes de tránsito.

 

El recibir o enviar por el celular comunicaciones verbales o escritas incrementa en nueve veces la probabilidad de un accidente; es más peligroso que conducir ebrio. Señalan los estudios que, el usar el celular al mismo tiempo que se maneja distrae la mitad de nuestra capacidad cerebral y muchas veces una de las manos queda inhabilitada, por ello, en la mayorí­a de paí­ses es prohibido conducir y hablar por teléfono. Basta que cualquier dí­a nos propongamos observar, veremos un elevado número de personas que conducen y hablan por teléfono. Se llega al extremo de ver a policí­as municipales conduciendo y hablando.

 

El mal uso debe limitarse y de la misma manera que se pide que durante las clases, las conferencias y demás reuniones públicas se apaguen los celulares, lo mismo deberí­a hacerse con el uso incorrecto y peligroso de los celulares al conducir un vehí­culo. Serí­a conveniente una campaña cí­vica y familiar, especialmente con las personas más jóvenes que sin duda alguna son las más motivadas a mantenerse en constante comunicación.

 

Se hace necesario que exista un teléfono a donde llamar en igual que en una emergencia y de la misma forma que vemos vehí­culos con un rótulo que dice «repórteme cómo manejo al teléfono XX», se estableciera un sistema de llamadas a dónde reportar la placa de quienes a pesar de las prohibiciones, del peligro para sí­ mismo y para terceros, conducen utilizando el celular.

 

La medida no debe ser punitiva, sino preventiva, perfectamente podrí­a ser que los bomberos o el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social o ambos en conjunto fueran los que establecieran los lugares a donde llamar señalando el peligroso hecho para que estas entidades -de forma preventiva- le pidieran al infractor que se abstuviera de hacerlo.

 

La medida salvarí­a vidas, prevendrí­a accidentes, evitarí­a que en un momento dado las autoridades competentes tuvieran que tomar medidas coactivas al no lograr que la ciudadaní­a comprenda y acepte que de la misma forma que el alcohol y la conducción de vehí­culos no es compatible, mucho menos es el conducir, hablar o enviar mensajes simultáneamente por celular cuando se va conduciendo.