Es normal que la mayoría de los adultos posea un teléfono celular, esto a nadie impresiona. Hace 50 años tener un teléfono de línea fija era un lujo, cómo imaginarse que todos iban a poder disfrutar del sistema de teléfonos celulares cuyos avances son tan variados que existen aparatos que le permiten conexión a Internet, videoconferencia, mensajes escritos, música, cámara fotográfica y demás.
jfrlguate@yahoo.com
En todo hay contrapartidas. Los teléfonos celulares han facilitado la delincuencia, la Internet permite que personas inescrupulosas inventen nombres, tengan múltiples correos de donde envían opiniones que son prácticamente agresiones anónimas; ha permitido actos censurables como la pornografía infantil y la pornografía en general.
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Cada día se hace más evidente y necesario normas de conducta personal, familiar e inclusive medidas legales que eviten los abusos. Varias universidades han realizado estudios y han comprobado que el uso indebido del teléfono celular, del envío y de la recepción de mensajes es motivo de graves accidentes de tránsito.
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El recibir o enviar por el celular comunicaciones verbales o escritas incrementa en nueve veces la probabilidad de un accidente; es más peligroso que conducir ebrio. Señalan los estudios que, el usar el celular al mismo tiempo que se maneja distrae la mitad de nuestra capacidad cerebral y muchas veces una de las manos queda inhabilitada, por ello, en la mayoría de países es prohibido conducir y hablar por teléfono. Basta que cualquier día nos propongamos observar, veremos un elevado número de personas que conducen y hablan por teléfono. Se llega al extremo de ver a policías municipales conduciendo y hablando.
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El mal uso debe limitarse y de la misma manera que se pide que durante las clases, las conferencias y demás reuniones públicas se apaguen los celulares, lo mismo debería hacerse con el uso incorrecto y peligroso de los celulares al conducir un vehículo. Sería conveniente una campaña cívica y familiar, especialmente con las personas más jóvenes que sin duda alguna son las más motivadas a mantenerse en constante comunicación.
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Se hace necesario que exista un teléfono a donde llamar en igual que en una emergencia y de la misma forma que vemos vehículos con un rótulo que dice «repórteme cómo manejo al teléfono XX», se estableciera un sistema de llamadas a dónde reportar la placa de quienes a pesar de las prohibiciones, del peligro para sí mismo y para terceros, conducen utilizando el celular.
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La medida no debe ser punitiva, sino preventiva, perfectamente podría ser que los bomberos o el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social o ambos en conjunto fueran los que establecieran los lugares a donde llamar señalando el peligroso hecho para que estas entidades -de forma preventiva- le pidieran al infractor que se abstuviera de hacerlo.
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La medida salvaría vidas, prevendría accidentes, evitaría que en un momento dado las autoridades competentes tuvieran que tomar medidas coactivas al no lograr que la ciudadanía comprenda y acepte que de la misma forma que el alcohol y la conducción de vehículos no es compatible, mucho menos es el conducir, hablar o enviar mensajes simultáneamente por celular cuando se va conduciendo.