La siguiente entrevista fue realizada al escritor francés Dominique Wolton, por Pablo Rodríguez, el 12 de julio de 2005 en Buenos Aires y publicada en el Portal de la Comunicación (InCom UAB), por su importancia, la damos a conocer como parte del plan de acercar a los lectores, a la temática de la comunicación.
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Usted plantea en su más reciente libro, «Il faut sauver la communication», que el término «sociedad de la información» contiene cinco contradicciones. ¿Cuáles son?
Dominique Wolton: La primera contradicción está en la definición misma: la sociedad es algo colectivo, mientras que la información es un mensaje, es algo individual. En el mejor de los casos, se puede hablar de una «sociedad de la comunicación», término que sí explica una relación posible entre lo individual y lo colectivo. Ocurre que desde hace 80 años hay en el mundo occidental más información que comunicación. La segunda contradicción concierne la confusión entre la performance de los canales de información y el contenido.
En tercer lugar, la «sociedad de la información» pertenece a una visión completamente occidental: supone una definición universal de la información que sencillamente no existe. Mi cuarta objeción tiene que ver con el receptor. La información es únicamente el mensaje que se transmite, no implica al receptor. Esto nos devuelve al primer punto, a no confundir «comunicación» con «información». Por último, hay una ambigí¼edad en la palabra «información». No se sabe si remite a una noción económica o a una noción política, es decir, si tiene alguna relación con la condición de la democracia.
¿Y cuál sería la relación entre información, comunicación y democracia?
D.W.: En el siglo XVIII, los tres términos eran equivalentes. Sin embargo, en el siglo XX, el mundo intelectual mantuvo el prestigio para la idea de democracia pero desprestigió a la información y a la comunicación, en parte por la explosión tecnológica que acabamos de mencionar. Y para mí esto es una injusticia intelectual. Considero que debemos volver a la equivalencia del siglo XVIII a la luz de problemas que no son de aquel tiempo. Uno de los problemas fundamentales es la contraposición entre dos filosofías de la comunicación: una tecnológica-económica y otra humanística. Si ambas se solapan, el desprestigio de los términos información y comunicación estará justificado. Por eso rechazo la filosofía tecnológica y económica de la comunicación. Después de todo, comunicar no es otra cosa que negociar. Y la política es negociar.
La historia del término «sociedad de la información» indicaría que la información fue asumida como materia prima de una reestructuración del capitalismo. Daniel Bell, uno de los primeros en hacer este planteo, distingue información de saber y de conocimiento. Usted en su libro habla de la distinción entre información, acción y conocimiento.
D.W.: Ocurre que el término «sociedad de la información» nos hace creer que hay un continuum entre información, conocimiento y acción. Pero, para comenzar, hay una discontinuidad entre información y comunicación. La información no crea la comunicación, que se relaciona con el problema del otro. La acción no es la continuidad del conocimiento, ni el conocimiento es la continuidad de la información. Se trata de actividades intelectuales completamente diferentes.
Uno se puede informar únicamente si tiene el conocimiento suficiente para manejar la información; por eso, cuanta más información, más urgente es la pregunta por el conocimiento. Y aun suponiendo que la relación entre conocimiento e información sea óptima en un momento, eso no implica que automáticamente se pueda actuar, pasar al acto. La acción no es ni la información ni el conocimiento. Es otra cosa. De este modo, el término «sociedad de la información» nos hace creer que están resueltos aquellos problemas que no están para nada resueltos. (Continuará)