Cuba y EE.UU. reanudan diálogo sobre migración


Cuba y Estados Unidos celebran hoy su segunda ronda de diálogo sobre migración, pese a que, tras una corta tregua bajo el Gobierno de Barack Obama, volvieron los roces por casos como el arresto de un estadounidense que La Habana acusa de espí­a.


Craig Kelly, asistente del secretario de Estado adjunto para América Latina y más alto funcionario que viaja a la isla en la administración Obama, encabeza la misión que conversa a puertas cerradas con autoridades de la cancillerí­a cubana, dijo a la AFP un portavoz de la Sección de Intereses de Washington en La Habana (SINA).

Según el diplomático, al final de la jornada están previstos comunicados por separado, como ocurrió en la primera plática en julio pasado en Nueva York, a la cual Kelly también asistió y que marcaron la reanudación del diálogo de migración tras estar suspendido desde 2003.

La agenda es amplia y no se descarta, según la fuente, que en la mesa esté la polémica por Alan Gross, detenido el 4 de diciembre en la isla, y el malestar de Cuba por ser incluida en una lista de 14 paí­ses a cuyos viajeros Estados Unidos somete a controles adicionales de seguridad.

Washington identifica a Gross, de 60 años, como un contratista de la compañí­a Development Alternatives (DAI) que trataba de ayudar a grupos de judí­os para comunicarse con el exterior dándoles celulares y ordenadores; pero Cuba lo acusa de dotar de «sofisticados» medios de comunicación a los opositores «mercenarios» de Estados Unidos.

«Lo hemos visitado dos veces desde su detención para darle asistencia consular. Tuvimos un segundo acceso el 2 de febrero, pedimos siempre más, pero el gobierno cubano ha autorizado solo dos visitas», señaló el vocero de la SINA.

Oficialmente la conversación busca, según el Departamento de Estado, «promover de la mejor manera la migración ordenada, legal y segura», tema sensible pues miles de cubanos cada año arriesgan su vida en el mar, buscan por la ví­a legal o tercer paí­s llegar a Estados Unidos, donde -sobre todo en Miami- vive la mayorí­a de los 1,5 millones que emigraron por razones económicas o polí­ticas.

Sin relación diplomática desde 1961 tras el triunfo de la revolución de Fidel Castro en 1959, Washington y La Habana firmaron en 1994 un primer pacto migratorio, en la «crisis de los balseros», cuando unos 37.000 se lanzaron al mar en precarias embarcaciones.

Washington se comprometió a dar 20.000 visas anuales y devolver (polí­tica de «pies secos-pies mojados») a los ilegales interceptados por los guardacostas, a quienes Cuba prometió recibir sin represalias. Los que toquen territorio son aceptados.

Desde entonces emigraron de esa forma unos 300.000 cubanos hacia Estados Unidos, pero el drama no terminó pues muchos siguen lanzándose al mar. Otros viajan ruta Ecuador -que no les pide visa- o México -a través de traficantes-.

Cuba acusa a Estados Unidos de estimular el éxodo con la Ley de Ajuste (1966) que da a los cubanos residencia automática, y Washington responsabiliza a La Habana por la situación económica y falta de libertades.

El canciller Bruno Rodrí­guez dijo en enero que Cuba propone negociar un nuevo acuerdo migratorio y cooperar contra el tráfico de personas, pero Estados Unidos habla de revisión del convenio.

El diálogo sobre migración, interrumpido en 2003 en el anterior gobierno de George W. Bush, fue retomado luego de que Obama liberó el enví­o de remesas y viajes de cubanoestadounidenses a Cuba.

También se reiniciaron pláticas para reanudar el correo directo, cancelado en 1963, pero para Cuba «nada ha cambiado» con Obama, que insiste en el embargo vigente desde 1962 mientras La Habana no avance en derechos humanos y democracia.