El mismo Gobierno norteamericano entendió la importancia que tendrían temas como el de Cuba y el de la inmigración en el marco de la Cumbre que se realizará en Trinidad y Tobago y que reunirá a todos los gobernantes de los países miembros de la Organización de Estados Americanos, OEA, entidad que se encarga de organizar y dar seguimiento a los acuerdos que se obtienen en ese tipo de reuniones a nivel continental.
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En efecto, Obama anunció esta semana su nueva política eliminando las restricciones que existían para los viajes de norteamericanos a Cuba y para el envío de remesas a los familiares de los cubanos que han emigrado a Estados Unidos. Lejos, por supuesto, de la eliminación del embargo pero un paso importante para demostrar intención de modificar los términos de la relación con la isla. En el otro tema que sin duda va a ser objeto de planteamientos en la Cumbre y que, como el de Cuba, tampoco es parte de la agenda prevista y pactada, el Presidente de los Estados Unidos ya anunció que impulsará este año la nueva política migratoria apuntando a controles para impedir el ingreso de nuevos inmigrantes, pero con tratamiento humanitario para los que ya están viviendo en Estados Unidos.
Pero de lo que no está en agenda, el tema cubano es el que más ronchas levanta, sobre todo porque no es aventurado ni descabellado suponer que siendo la Cumbre una especie de Asamblea General de la Organización de Estados Americanos al más alto nivel, porque participan en ella los mismos Jefes de Estado de los países miembros, un fuerte bloque solicite la revisión de las resoluciones que en 1961 determinaron la expulsión de Cuba del organismo regional, a efecto de que se le devuelvan los plenos derechos para participar como miembro de la OEA.
Creo que al final de cuentas será esa la cuestión más importante de la Cumbre y veremos cuál es la actitud norteamericana frente a una solicitud que puede gozar del respaldo de la mayoría de países de la región. Porque en los últimos tiempos se ha notado el incremento de la relación entre Cuba y los otros países latinoamericanos y del Caribe, al punto de que ha sido una auténtica romería en La Habana por la enorme cantidad de gobernantes que han llegado a entrevistarse con Raúl Castro, incluyendo al Presidente de Guatemala. Y de todos los países que en su momento, como resultado de aquella vieja decisión de la OEA rompieron relaciones con Cuba, únicamente Estados Unidos queda en esa línea, porque El Salvador y Costa Rica, que no habían querido establecer la relación diplomática, lo terminaron haciendo hace pocas semanas.
La existencia de ese vínculo entre La Habana y prácticamente toda la América Latina y el Caribe es un detalle que puede indicar el curso de los acontecimientos y sin duda que los expertos norteamericanos estarán preparados para un planteamiento de ese tipo. La reacción, sin embargo, no la conoceremos hasta este fin de semana, cuando se produzca el encuentro de los gobernantes en Puerto España.
Tomando en cuenta los pocos avances concretos en cuanto a las resoluciones de las Cumbres previas, es correcto pensar que el interés de la opinión pública estará más en lo que está afuera de la agenda que en los puntos que ya fueron consensuados por los gobiernos y que constituyen el acuerdo general a suscribir en Trinidad y Tobago.