La siguiente es una entrevista realizada al doctor José Ramón Balaguer con motivo de su visita a Guatemala como jefe de la delegación cubana a la toma de posesión del presidente ílvaro Colom.
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-Pregunta: Señor ministro, ¿cómo ve usted las relaciones entre Guatemala y Cuba a diez años del establecimiento de la relación diplomática entre ambos países?
– Respuesta: En realidad veo un vínculo enorme y un enorme significado en la comprensión entre ambos pueblos, sobre todo cuando uno ve en el plano de la salud lo que ha significado la presencia de los médicos cubanos ayudando a la población guatemalteca en los lugares más remotos, a donde no había llegado antes la atención médica. Se están tendiendo fuertes puentes culturales por esa relación tan profunda y estrecha.
La verdad es que la cooperación en salud ha evidenciado que existen pensamientos comunes y que la salud hermana a los pueblos, eliminando estereotipos que a lo largo de muchos años se fueron implantando entre la población creando divergencias ideológicas que no son suficientes para romper las grandes identificaciones que se encuentran en el pensamiento de hombres como Bolívar y Martí.
– P: Luego de ese intenso programa de cooperación, ¿Cómo recibió Cuba la votación de Guatemala condenando en el seno de Naciones Unidas la política cubana de derechos humanos?
– R: Eso tuvo un profundo efecto sentimental porque se sintió como una profunda injusticia contra un pueblo que ha sido respetuoso de los derechos humanos, no porque los mismos estén consignados en una Carta de la comunidad internacional, sino por culto y concepción de nuestra propia ideología que nos obliga a valorar al ser humano, pero entendimos también las condiciones que prevalecieron para que se diera esa actitud de parte no del pueblo de Guatemala, sino de algunas de sus autoridades sometidas a fuertes presiones para emitir una condena contra el gobierno cubano que tenía fundamento en el añejo conflicto con el imperio más que en un análisis sereno y objetivo de la situación de los derechos humanos en Cuba. Nos dolió a nosotros y les dolió a los cubanos que con profunda mística y solidaridad han venido a trabajar a Guatemala en el campo de la salud, pero, repito, entendimos la dinámica de las relaciones bilaterales de Guatemala que forzaron a esa tremenda injusticia en contra nuestra.
– P: A cincuenta años del triunfo de la Revolución de la que usted fue combatiente, ¿Cómo ve el futuro de Cuba?
-R: Creo que lo más importante y perdurable que hemos construido es el concepto de la solidaridad socialista que no se podrá borrar. Y lo vemos en la presencia de nuestros médicos en varios países donde hace falta ayuda para atender las necesidades de muchas personas. Sin tener los recursos de un país desarrollado, hemos logrado tener presencia con otros pueblos para ayudar, para atender en emergencias y para compartir con ellos esfuerzos. Cuba tiene hoy un sistema sólido basado en esa ética y concepción de la solidaridad entre los seres humanos y eso es lo que garantiza el futuro porque el pueblo está comprometido con una línea de acción.
– P: En los albores de la Revolución Cubana, en Guatemala se entrenaron los combatientes anticastristas del célebre desembarco en Bahía de Cochinos y eso se ha considerado como uno de los factores que provocaron la ayuda cubana al movimiento guerrillero. ¿Fue así? ¿Pesó ese factor?
– R: De ninguna manera. El apoyo que Cuba brindó a los movimientos revolucionarios en Guatemala fue consecuencia de un sentido de solidaridad con los oprimidos y con los que sufren. Angola, por ejemplo, nunca tuvo nada que ver con los procesos iniciales de Cuba y sin embargo nos volcamos decididamente en ayuda al pueblo que luchaba por su liberación, por superar injusticias ancestrales. Hoy en día las condiciones han cambiado y la solidaridad del pueblo cubano se manifiesta de otras formas, como ocurre con el esfuerzo por ayudar a la salud pública en países donde hace falta.
– P: ¿Qué papel cree usted que le asignará la Asamblea Nacional a Fidel Castro cuando se instale ese órgano?
– R: Es pronto para saberlo, pero sin duda que Fidel sigue siendo un gran revolucionario y los revolucionarios no podemos darnos el lujo de retirarnos. Actualmente escribe profusamente y sigue siendo en otro plano guía de la Revolución y sin duda que el papel que le asigne la Asamblea lo habrá de desempeñar con la diligencia que siempre ha mostrado. Si de mí dependiera propondría que asuma nuevamente las funciones que tenía antes de su enfermedad, pero reconozco la enorme importancia que tiene su nueva función, en la que alerta cotidianamente al mundo de las atrocidades que se cometen contra la humanidad, especialmente la forma en que matan diariamente a miles de personas con la contaminación ambiental.
– P: El nuevo gobierno de Guatemala ha mostrado interés en mejorar las relaciones con Cuba. ¿Existió algún planteamiento durante su visita al país para estrechar vínculos en temas específicos, sobre todo en Educación?
– R: Sí, el nuevo gobierno tiene intenciones de mejorar y estrechar las relaciones con nuestro pueblo y en el campo de la educación existe el propósito de contribuir de manera directa en alfabetización utilizando la experiencia de nuestro país que tiene un método probado científicamente y aprobado por Unesco que permite enseñar a leer y escribir en forma rápida y masiva. Y de acuerdo al pensamiento de Martí de que solo la educación permite ser realmente libres, estamos en la mejor disposición de ayudar a Guatemala en ese campo.
– P: Guatemala tiene serios problemas de desnutrición infantil. ¿Tenía Cuba problemas en ese campo antes de la Revolución y cómo los enfrentaron?
– R: Como médico hice mi entrenamiento en un hospital pediátrico de La Habana en aquellos años y era impresionante ver la cantidad de niños que llegaban con problemas de desnutrición y también la cantidad de niños que morían por deshidratación. Uno les plegaba la piel del estómago y la misma quedaba plegada como signo de esa deshidratación que cobró muchas vidas. Con la Revolución dimos prioridad a la alimentación de los niños y eso hizo que se hablara mucho de racionamientos, cuando lo que hubo fue una política de racionalización porque no éramos un país que tuviera alimentos en exceso y lo que tuvimos que hacer es una asignación racional para que los mismos fueran bien aprovechados y mejor distribuidos. Más que racionamiento era una distribución equitativa de los productos, lo cual permitió a quienes nunca habían tenido alimentación adecuada recibirla en iguales condiciones que el resto de la población y hoy en día tenemos condiciones de nutrición muy superiores al resto de países.
– P: Siendo usted uno de los dirigentes históricos, a la luz de la experiencia y de las privaciones de aquellos años, ¿Diría que el esfuerzo valió la pena?
– R: Solo el hecho de haber formado generaciones que viven con mística su compromiso social es suficiente para sentirse satisfecho de los logros de la Revolución. Esa experiencia de ver a nuestros médicos viajando a lugares apartados donde no existen comodidades para ser solidarios con otros pueblos es suficiente para que uno sienta que todo sacrificio valió la pena. Y eso sin mencionar los indicadores de desarrollo científico que nos colocan a la altura de los países más desarrollados, tanto así que recientemente se cuestionó que Cuba tuviera uno de los laboratorios genéticos más modernos del mundo porque eso no les parecía propio de un pueblo pobre como el nuestro. Todas esas muestras de solidaridad de nuestro pueblo, sin distingos ideológicos con nadie, nos hacen pensar en lo que hemos hecho y lo que aún tenemos que hacer para compartir esos avances científicos, tecnológicos y éticos que constituyen un logro irrefutable.
– P: ¿Cuál sería la receta que daría a otros pueblos si tuviera que dar alguna?
– R: Es difícil aconsejar y más difícil aún dar recetas, pero si algo no podemos ignorar es que América Latina tiene que centrarse en la integración porque solos no podemos enfrentar nuestros problemas. Y entender la fábula del Tiburón y las Sardinas del doctor Juan José Arévalo, porque solo en la medida en que la entendamos vamos a comprender que aisladamente somos presa fácil de los grandes poderes económicos que, como el tiburón, devoran a los más débiles. Los tratados de libre comercio desprovistos de la solidaridad son un ejemplo de ello y están a la vista. Por eso creo que el futuro de nuestros pueblos está en superar barreras que nos dividen para buscar identidades que nos unen.
JOSE RAMí“N BALAGUER CABRERA
Miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
Miembro del Consejo de Estado.
Ministro de Salud Pública.
Nació el 6 de junio de 1932.
Fundador del Partido Comunista.
Doctor en Medicina.
Siendo estudiante de la Universidad de La Habana, se incorporó a partir del golpe del 10 de marzo. En 1957 es detenido y guarda prisión. En 1958 se incorporó como combatiente al Ejército Rebelde en el II Frente Oriental «Frank País».
Es Miembro del Comité Central del Partido desde 1975 y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde 1976.
Ha ocupado, entre otros, los siguientes cargos: Director General Ejecutivo y Viceministro de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública; Jefe de los Servicios Médicos y Jefe de Construcciones Militares en las Fuerzas Armadas Revolucionarias; Primer Secretario del Comité Provincial del Partido en Santiago de Cuba y Miembro del Secretariado del Comité Central; Embajador de Cuba en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y en Rusia. Delegado del Buró Político en la Provincia de Granma.