Las autoridades cubanas negaron el viernes que un preso muerto la víspera, y cuyo deceso le generó fuertes críticas por parte de disidentes y gobiernos extranjeros, hubiera realizado una huelga de hambre.
Wilman Villar falleció el jueves por la tarde en Santiago, a unos 800 kilómetros al oriente de la capital. El viernes fue velado por su familia en la localidad de Contramaestre, vecina al lugar de la muerte.
Una nota oficial difundida por la página Cubadebate acusó a los disidentes y exiliados de montar una «una intensa campaña internacional difamatoria» a raíz de la hospitalización y posterior muerte de Villar.
Disidentes habían informado a la prensa que Villar era un activista político opositor —de reciente incorporación— preso y que había realizado 50 días de huelga de hambre desde finales de noviembre hasta su hospitalización hace dos semanas, por lo que responsabilizaron a las autoridades por la suerte del hombre.
«Al respecto se disponen de abundantes pruebas y testimonios que demuestran que no era un ‘disidente’ ni estaba en huelga de hambre», expresó la nota dada a conocer por el gobierno en Cubadebate.
Según la versión de los opositores, Villar, de 31 años de edad, fue arrestado el 12 de noviembre de 2011 a raíz de su activismo contra las autoridades y condenado en juicio sumario poco después por los tribunales bajo los cargos de desacato, resistencia y atentado a cuatro años de prisión, pero él rechazó la condena y decidió no ingerir alimentos a manera de protesta, informaron familiares y otros opositores.
Sin embargo la nota oficial dio una versión diferente. «El hecho por el que fue sancionado se produjo durante un escándalo público en el que agredió y provocó lesiones en el rostro a su esposa, ante lo que su suegra solicitó la intervención de las autoridades y al acudir agentes de la PNR (Policía Nacional Revolucionaria) se resistió y los agredió», señaló.
Villar «después de haber cometido el delito, por el cual fue procesado en libertad», agregó el comunicado oficial, «comenzó a vincularse con elementos contrarrevolucionarios en Santiago de Cuba, quienes le hicieron creer que su presunta pertenencia a los grupúsculos mercenarios le permitiría evadir la acción de la justicia».
La información oficial dio como causa de la muerte un «fallo multi-orgánico secundario a un proceso respiratorio séptico severo».
Disidentes en La Habana culparon a las autoridades.
«Al gobierno cubano no le importa la muerte de nadie», dijo a la AP Bertha Soler, líder del grupo opositor Damas de Blanco.
El presidente Barack Obama reaccionó y criticó al gobierno cubano, su rival de más de cinco décadas: «La muerte sin sentido de Villar destaca la continua represión al pueblo cubano y la difícil situación que enfrentan los individuos valientes al defender los derechos universales de todos los cubanos», dijo en un comunicado.
Además el gobierno español trasladó sus condolencias a la familia de Villar.
«El gobierno de España está consternado con esta noticia», dijo la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría. «Creemos que esa muerte nos tiene que llevar a buscar e intensificar las reclamaciones al gobierno cubano de puesta en libertad de todos los presos políticos».
Horas antes de la nota oficial, simpatizantes del gobierno usaron sus blogs en internet y cuentas en Twitter para asegurar que la muerte de Villar era usada como «arma arrojadiza» contra la revolución.
Mientras, compararon el deceso con la de una ciudadana congoleña en España, fallecida hace un mes sin recibir atención médica en un Centro de Internamiento para Extranjeros y la de Villar, quien había sido enjuiciado y posteriormente hospitalizado.
«La muerte de un ser humano siempre es dolorosa pero parece ser que algunas duelen más que otras en dependencia de oscuros intereses políticos», escribió Iroel Sánchez en su bitácora llamada «La Pupila Insomne».
«Asombrosamente, el nombre de Samba Martín, asesinada por la ‘democracia’, española seguirá siendo desconocido para muchos», mientras el de Villar «es enarbolado ahora mismo por la jauría político-mediática que lo llevó hasta la muerte para presentar a Cuba como una ‘dictadura»’, indicó Sánchez.