Es miércoles, el cielo parece anunciar frío pero lo que bajará más tarde es música de tres divas y un maestro del cello. Son las ocho en punto, la antesala del teatro Lux está llena de gente joven, parejas, familias o personas solas; todos esperan abarrotar como efectivamente sucedió, el aforo de la sala donde se presentaría el cuarteto de violonchelos Regina Celli. Las autoridades organizadoras tuvieron la lucidez de no dejar a nadie afuera, no era posible decepcionar tal motivación.
Las personas estaban en las butacas y literalmente en el suelo del escenario rodeando instrumentos con forma de cuerpo humano, esperando a ser armonizados por sus intérpretes. El violonchelo es el instrumento de cuerdas que más similitud tiene con el registro de la voz humana; en él se pueden interpretar tonos graves y agudos en distintas melodías; su aparición se reconoce en el siglo XVII en Italia. Llega la hora esperada y luego de unas apropiadas y sobre todo rápidas palabras protocolares, aparecen los cuatro, Ana Galdámez, Mabe Fratti, Pamela Flores y Paulo Alvarado. El maestro Alvarado tiene el tino de explicar los detalles del recorrido que contempla un programa que incluye autores contemporáneos, los habrán extranjeros y nacionales y composiciones propias. El espectáculo que se presenciaría esa noche no era un repertorio clásico ni convencional; además de cellos había en el escenario arcos que en vez de cuerdas tenían pelotas de ping-pong, también estaban listos para ser tocados varios útiles sonoros del maestro Joaquín Orellana tales como el Tubarc, el Cirlum y el Pinzafer y un ronrón de feria gigante. Tampoco las vestimentas serían trajes elegantes o incómodos fracs, las divas y el maestro salieron al escenario como seguramente visten normalmente, cómodos. La experiencia de Ana, María Belén y Pamela es contrastante y diversa, lo cual hace a este cuarteto de nombre Regina Celli que literalmente quiere decir en Reyna del Cello y coincidentemente también Reyna del Cielo, un grupo que aglutina la habilidad musical con la disposición de transgredir lo convencional a través del experimento, por medio de las disonancias aparentes que son más bien los afinamientos de un nuevo orden. Ana aporta su profesionalidad en la educación formal como chelista recién graduada del Conservatorio Nacional de Música e integrante joven de la Orquesta Sinfónica Nacional. María Belén es además vocalista y compositora desde los quince años e incursiona en la música electrónica; Pamela es compositora de música académica y es estudiante de la Escuela Superior de Arte de la USAC; y Pablo no necesitó presentación sino concentración para liderar este cuartero que genialidades. Él se dispuso como pedagogo musical a explicar de manera natural y acertada los detalles de la composición musical, los efectos que se logran en el cello con la mano derecha con el arco y con la mano izquierda sobre el cuello, además indicó cortésmente que “si no queríamos no aplaudiéramos entre un movimiento y otro”. Seguramente él es consciente que la cultura en Guatemala ha sido un botín que ha monopolizado y elitizado el capital oligárquico, y como tal el arte musical necesita ser desprivatizado, hay que promover su apropiación por toda la gente, niños y adultos, hay que hacerla pública, aunque el esfuerzo no venga del Estado. Y dio inicio así con la pauta de Pablo, el roce de cuatro arcos que interpretarían durante dos horas, colores, expresiones, tonalidades imposibles y transgresiones armónicas.