¿Cuánto vale una vida?


En el duro trajinar del ejercicio de las leyes, tanto en la cátedra como en la litis directa, los abogados penalistas tienen que trabajar en casos paradigmáticos y se encuentran con circunstancias inverosí­miles en cuanto a las formas como sucedieron los actos ilí­citos de investigación en el proceso.

Fernando Mollinedo

El ámbito penalista, es uno de los más fascinantes en cuanto a que todos los dí­as se descubren nuevos elementos e hipótesis que dan margen a conjeturas legales denominadas presunciones. Lo anterior, visto desde un ángulo legal; pero desde el ángulo humano, resulta dramático conocer cómo, cuándo y el por qué de la comisión de delitos.

La envidia, el rencor, odio, antipatí­a, resentimiento, inquina, avaricia, animosidad, enemistad, repulsión, disgusto, aborrecimiento y otras actitudes humanas de carácter negativo, son los móviles que fundamentan acciones violentas que degeneran o terminan en la comisión de delitos contra la vida, tales como lesiones, homicidios y asesinatos.

En Guatemala, parece ser que un pequeño segmento de la población, jamás tuvo la oportunidad de conocer una educación hogareña mí­nima acerca de los valores positivos, y por lo tanto, en su vida adulta (y algunos adolescentes) no tienen empacho en ostentar la calidad de sicarios o sea asesinos pagados con salario o remuneración.

El í­ndice de violencia en el paí­s rebasó los lí­mites de la tolerancia social; es demasiado el número de muertes que a diario se producen, en su mayorí­a, son asesinatos por medio de arma de fuego, lo que nos da un indicador de desprecio por la vida humana. Vivimos en permanente y hondo pesar social por los múltiples asesinatos que se conocen en los medios informativos; pues de una u otra forma, son personas humanas que dejan de existir de manera violenta.

En encuestas realizadas por algunos medios de comunicación escritos, se concluye que la sociedad guatemalteca se está volviendo dí­a a dí­a más insensible ante esta ola de criminalidad y su clamor para que haya seguridad no tiene eco en las esferas oficiales encargadas de velar por el bienestar de la población.

Sicarios, policí­as nacionales, municipales y privados, guardaespaldas, finqueros, polí­ticos, narcotraficantes, delincuentes comunes, delincuentes estatales, pandilleros juveniles, drogadictos y otras personas sin categorizar, son quienes ejecutan los homicidios, además hay personas que los planifican y dirigen de forma intelectual; correspondiéndoles en forma hipotética el mismo castigo.

En Derecho Penal, algunas teorí­as dicen que «todo hombre es un asesino en potencia» sin embargo, otros tratadistas afirman que las «fuerzas modeladoras del derecho» balancearí­an la predisposición al crimen. Pero, sea como sea, el hecho es que en Guatemala hay muchos asesinos terminando con vidas que son o tal vez pudieran ser útiles a la sociedad.

¿Problema generacional?, ¿Desvalorización masiva?, ¿Inoperancia de las instituciones para la seguridad pública?, ¿polí­tica del Estado de «dejar hacer? dejar pasar»?, ¿qué pasa en Guatemala? Funcionarios ¿nagí¼ilones?, ¿mandilones?, ¿cobardes?, ¿ineptos?, ¿ignorantes?, ¿sobornados?, ¿comprados?, ¿prevaricados? Y como resultado de lo anterior: NUEVOS RICOS, nuevas casas y condominios, viajes a EUA y Panamá, curso Dale Carnegie para mejorar el habla y otras cosas? Pero, los ASESINOS aunque se vistan de seda, ASESINOS SE QUEDAN.