¿Cuánto habrá costado el privilegio?


Evidentemente la controversia por la cuestión del negocio de Puerto Libre en la Terminal Aérea La Aurora terminó a favor de la empresa panameña cuyo contrato tiene peor olor que el que Chávez expresó en la ONU cuando le tocó hablar poco después de que George Bush habí­a ocupado la tribuna. En efecto, cuando uno pasa el puesto de registro y control para dirigirse a las puertas de abordaje, se topa con las nuevas instalaciones que atraen a los viajeros de manera prácticamente automática, mientras que los antiguos negocios operados por entidades benéficas, quedan a muchos metros de distancia y más allá de la mayorí­a de las puertas que operan los vuelos internacionales.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

El Puerto Libre tradicional tiene mejores precios en sus productos, pero uno tiene que caminar una gran distancia para comprarlos, mientras que los panameños están en un sitio donde ningún viajero tiene que desviarse para lograr su cometido. Poco importa el fin benéfico de unos y el ánimo de lucro de los otros, porque al fin de cuentas lo que determinó todo fue el tamaño de la mordida que permitió cerrar la negociación en condiciones tan favorables.

Lo cierto del caso es que vemos cómo, por enésima vez, algo que huele a podrido por todos lados, termina no sólo sin que se haga justicia, sino que con todo a favor totalmente de los que usaron malas artes para desplazar a quienes por años han venido realizando un negocio lí­cito y, en este caso, también a favor de causas nobles como podrí­an ser las que realizan entidades como la Sociedad Protectora del Niño y el Centro de Integración Familiar.

Es imposible suponer que un privilegio tan descarado como el que le dieron a los panameños fue gratuito y en el marco de la ley. En Guatemala hemos visto muertos acarrear basura y no puede caber la menor duda de que en este caso estamos frente a un descarado acto de corrupción administrativa que ha sido apañado por todas las esferas del poder. No concibo la idea de que el Presidente de la República pueda ver cómo quedaron las instalaciones y suponer que no hubo mano de mono, que no se pagó mordida para lograr que todo se hiciera perfectamente al gusto e interés de los nuevos concesionarios de una operación que antaño rendí­a frutos para entidades benéficas y que ahora lo hace para una empresa lucrativa.

Yo me habí­a abstenido de comentar el tema especialmente porque reconozco que también entre las instituciones de beneficencia hay sus bemoles, especialmente cuando se convierten en el medio de vida de los miembros de un clan familiar, pero con todo y ese defecto, que se puede ver repetido en muchas instancias que van desde las grandes o pequeñas ONGs hasta entidades de la dirección deportiva internacional, no cabe la menor duda de que en la concesión corrió dinero, puesto que es tan burda la forma en que se colocaron los negocios que salta a la vista el enorme y desmedido interés de los funcionarios por quedar bien con los panameños que establecieron su operación en el paí­s. Es de tal tamaño la evidencia que pienso que para otorgar una concesión tan graciosa a lo mejor hasta los hicieron socios de la operación en Guatemala porque el favorón tiene que haber sido pagado como corresponde. Esperar a que en el Gobierno demuestren un aire de honradez es pedirle peras al olmo, pero en este caso la picardí­a salta a la vista por la forma en que se manejó el negocio.