El golpe militar dado el pasado 28 de junio en Honduras al presidente Manuel Zelaya, fue condenado por todos los gobiernos del mundo, sin excepción, por el mal precedente que sienta para países como el nuestro, que luego de décadas de guerra iniciaron un proceso de incipiente democracia, y que con hechos como los de la nación hondureña se evidencia que pueden ser procesos frágiles, puesto que existen grupos no dispuestos a respetarla.
Pese a lo delicado de la situación, llama la atención las opiniones de algunos lectores de medios escritos guatemaltecos que escriben sus comentarios y hacen referencia a que la acción golpista es aleccionadora y valiente, pues con ella se detiene «el germen del chavismo», que parece empieza a esparcirse en territorio centroamericano, y que mediante el golpe se defiende la democracia de las prácticas antidemocráticas del Sur. Algunos expresan que les gustaría que lo mismo sucediera en nuestro país.
Da miedo pensar que ese pudiera ser el criterio de la mayoría de la población guatemalteca. La gran pregunta es qué tanta responsabilidad tienen algunos medios de comunicación, y algunos de sus columnistas, para formar esos criterios en sus lectores.
Asimismo, qué está ocurriendo para que la gente no caiga en la cuenta que esa acción militar implica un retroceso a la década de las dictaduras militares, las cuales se acabaron en Centroamérica, como resultado de procesos que costaron la vida a miles y miles de habitantes del Istmo.
De tal manera, otra pregunta que salta es ¿qué delitos tan graves se pudieron haber cometido?, o quizás haya que decir de acuerdo a las argumentaciones que se dan, ¿qué tan grave es la influencia chavista que justifique entregar la democracia -que es cierto es joven e incipiente- para que sean las fuerzas militares las que determinen quiénes pueden ostentar el poder y quiénes no; y para que estas mismas decidan acabar con la vida de un joven de 19 años que se opuso a su proceder?
Y derivado de estas reflexiones ¿qué tanto apreciamos la paz en Guatemala?, si con tal de detener una corriente política, existen personas que avalan un golpe de Estado, que somete a un pueblo a la represión, a los toques de queda, a la desinformación, y que tiene sufriendo a Honduras una crisis política y enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y población civil que se resiste a aceptar esta imposición, y cuya lucha podría detonar hechos violentos cada vez más lamentables de los que ya se han dado.
Cualquier persona está en su derecho de no simpatizar con la figura de Chávez, y sé que en nuestro país a muchos no les agrada; pero nadie tiene derecho de destruir una naciente democracia que tanta sangre costó.
Las noticias hablaban que Chávez pronostica un golpe de Estado en Guatemala. Qué tanta información se tenga de planes específicos para un golpe, no lo sé. Pero lo que si sé es que hay todo un aparato de opinión pública en los medios de comunicación que pueden avalar un golpe. Si quieren una pequeña muestra, revisen la sección de opinión de Prensa Libre de ayer. El Editorial pide que Guatemala no defienda a Zelaya, porque lo hacen los Gobiernos de Izquierda, el presidente del CACIF, Zúñiga, critica los programas «populistas» de Colom, lo relaciona con Chávez y luego defiende a los golpistas de Honduras, el periodista González Merlo, también defiende el golpe, y dice que ONU y OEA ya no hacen democracia, porque condenan el golpe. Con ese desequilibrio de opiniones, para que no existan esos comentarios.