Pese a que ya existe una ley que tipifica el delito de femicidio y otras formas de violencia contra la mujer, en Guatemala cientos de féminas aún son víctimas de la violencia intrafamiliar, desafortunadamente algunas no denuncian porque ven la agresión como algo «normal».
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Muchas de ellas han sido ingresadas a centros asistenciales a causa de las agresiones que su pareja o su esposo les causan. A veces los golpes de las que son objeto son tan graves que terminan con su vida.
Según Ana Luisa Olmedo, directora del departamento de Comunicación del Hospital San Juan de Dios, cuando las jóvenes o señoras son atacadas físicamente por su pareja o cónyuge desafortunadamente no dan a conocer los motivos del ingreso, pues se reservan la información.
De acuerdo con organizaciones que velan por los derechos de las mujeres, resulta difícil cuantificar las agresiones o inclusive las muertes, pues las víctimas no dan a conocer las situaciones por las que atraviesan, por miedo o simplemente porque están acostumbradas a este tipo de tratos.
Norma Cruz, de la Fundación Sobrevivientes, indica que acompañan como querellantes adhesivos en los procesos judiciales, a las féminas que se atreven a revelar los maltratos perpetrados por sus esposos, así como a sus familiares.
Además, manifiesta que han logrado de diez a quince sentencias por año en contra de los victimarios; «esto representa un gran paso», afirma la profesional.
Uno de los casos más relevantes fue el de Rosa María Morales, de 45 años, quien fue asesinada el 10 de diciembre de 2007, junto a su hija Sofía Pineda Morales de 18, en la colonia Balcones de San Cristóbal, en Mixco.
Ellas fueron atacadas por Jaime Alberto Pineda del Cid, de 54 años, esposo y padre respectivamente; pese a que éste tenía restricción de acercarse a las fallecidas, logró ingresar a la vivienda y acuchillarlas, hasta acabar con esas vidas.
Por este hecho Pineda del Cid fue sentenciado a 133 años por los delitos de doble parricidio y parricidio en grado de tentativa, dice la representante de la fundación.
MALTRATO
Según da a conocer la Fundación Sobrevivientes, el origen del maltrato en la mujer inicia en el hogar cuando es niña; al momento que conoce una pareja abusadora, es difícil que note el maltrato que recibe, pues desde pequeña se acostumbró a no ser tratada con respeto.
A la dependencia de la víctima con su agresor, se conoce como Síndrome de Estocolmo, esta es permisible por la necesidad económica de la mujer que se convierte en madre; sin embargo, también se da en jóvenes que gozan de libertad, pues se crea un vínculo de necesidad para estar con su pareja; a tal punto que la afectada llega a negar la parte violenta del comportamiento de su victimario y percibe el lado más positivo de él, olvidándose de sus propias necesidades.
Cruz, destaca que la mujer asesinada en San Cristóbal, desarrolló este síntoma, el cual permitió que su situación llegara hasta el punto de cobrar su vida y la de su hija la mañana de aquel 10 de diciembre.