“Saben los abogados por la cotidiana
experiencia de las miserias humanas
que todos los afligidos esperan en la
justicia y que todos ven en la toga el símbolo viviente de esta esperanza”.
(Giuseppe Chiovenda).
– Dedicado a los Abogados en su día –
El jurista Francesco Carnelutti, afirma en su interesante texto: “Cómo nace el Derecho”, que si la instrucción jurídica superior debe reservarse a los juristas, no puede menos de impartirse a todos los ciudadanos una instrucción inferior. La posición es análoga en el campo del derecho y en el de la medicina: a los abogados y a los jueces se les llama, como a los médicos, cuando se declaran las enfermedades; pero a fin de que no se declaren, es necesario difundir en el pueblo conocimientos elementales de higiene, Después de todo, una cierta educación jurídica extendida a los no juristas, es un medio para combatir las dos plagas sociales que son la delincuencia y la litigiosidad.
En ese sentido, hemos abordado en esta columna, el mejoramiento de los estudios en Guatemala, especialmente en lo que respecta a la instrucción media, que es gravemente defectuosa y que a los colegas catedráticos, no les será extraña al impartir clases en los primeros semestres de las distintas facultades de Ciencias Jurídicas y Sociales de nuestro país, pues nos enfrentamos a fenómenos como la falta de interés por la lectura y el deseo de investigar los diversos problemas a que se tienen que enfrentar los estudiantes cuando en un futuro, egresen como profesionales y se dediquen a la práctica profesional, sea como jueces o como litigantes, ejemplo de ello, es las constantes denuncias que en los últimos meses los diversos medios de comunicación social, vienen publicando.
Urge, entonces, como señala Angel Ossorio, reivindicar el concepto de Abogado y, no digamos de jurista; tal y como se entiende en la actualidad. Ello, agregamos nosotros, sólo se logrará uniformando los programas de estudio a nivel elemental y universitario, a efecto de que se cumpla con una eficiente labor profesional, debiéndose incluir los cursos de “Ética Profesional”, que en algunas unidades académicas que funcionan en el país, las soslayan o diluyen en otras ramas de la Carrera ya descrita, provocándose serios trastornos en muchos egresados de las facultades que no reciben directamente esa formación moral tan necesaria y que, generalmente, invierten la escala de valores con aspectos materialistas.
En conclusión, como bien lo señala la doctrina jurídica y los grandes maestros que imparten la formación jurídica: Abogado es, el que ejerce permanentemente la abogacía y la carrera judicial.