¿Cuál es el afán de destruir los vehí­culos automotores?


Posiblemente a usted le cause extrañeza el titular de este comentario, pero cada vez que veo a un conductor haciendo todo lo que está a su alcance para destruir su vehí­culo me hago la misma pregunta. No concibo que tanta sea la prisa por llegar a su destino, al menos que lleve a una persona grave rumbo al hospital o vaya a recibir una herencia, que pueda ameritar subirse a un arriate para rebasar a otros que van por delante o simplemente para cambiar de rumbo.

Francisco Cáceres Barrios

Tampoco entiendo cómo siguen rodando impunemente miles de vehí­culos sin las luces delanteras completas, las de los frenos o sin una sola lámpara trasera en buen estado de funcionamiento, sabiendo de sobra que con ello está provocando irse hacer torta con el que va delante suyo o el que venga detrás lo haga papilla. Si piensa tan solo un par de minutos sobre el contenido de este mensaje, verá que la inversión que hizo al comprar su vehí­culo, tan útil para el mejor desempeño de sus actividades ocupa el segundo rango después de su vivienda, si no el primero, ¿entonces por qué no velar por el mejor estado de sus llantas, darle mantenimiento preventivo en sus vitales partes de funcionamiento, por ejemplo, frenos, cambios de aceites y lubricantes, la indispensable baterí­a o el mejor funcionamiento de su radiador?

Con eso de los atascos que ocurren todos los dí­as y por todo el paí­s, está visto que es forzosamente necesario mantener su vehí­culo en buenas condiciones, porque nuestras autoridades así­ como les importa un pito si usted tiene los cien verdes para pagar si mucho un par de galones de gasolina que su carro se «come» mañana y tarde, también si usted es de los que tiene que viajar desde un municipio vecino a la capital y que por la falta de planificación y desacertados estudios previos a las obras viales que se han venido realizando, su vehí­culo vaya a requerir no solo más gastos de mantenimiento, sino evitar todo aquello que sea la causa de un accidente de pronóstico reservado.

Los guatemaltecos debemos de entender que a nuestras autoridades poco o nada les ha importado la prevención de accidentes de tránsito y en general a través de la historia. A mis lectores les consta que gran parte de mis comentarios los he dedicado a este tema en los más de veinte años ininterrumpidos que tengo de escribir esta columna, de ahí­ que haya llegado a la conclusión de que si no es cada quien el que vela por el derecho de su nariz (y el resto de su cuerpecito) nadie va a preocuparse por usted y su familia. Entonces, piense cada vez que toma el timón de su vehí­culo automotor ¿está en buenas condiciones, habré tomado todas las precauciones, lo habré revisado por todas partes, no será que por culpa mí­a voy a exponer a mi familia y a mis congéneres a correr riesgos altamente peligrosos?