Fue de forma espontánea, sin lugar a dudas la concurrencia masiva de pobladores hondureños al aeropuerto Toncontín el pasado domingo para recibir al presidente constitucional Manuel Zelaya. Debió ser así, porque desde hace días Honduras carece de los servicios básicos de comunicación masiva. La Internet ha sido cortada y, cuando no, censurada; los medios de comunicación se hallan también coartados en su libertad de expresión, aunque ello no es necesario, porque la mayoría ha apoyado el Golpe de Estado.
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Los hondureños que apoyan a Zelaya se quejan de que los medios de comunicación invisibilizan su voz, o al menos banalizan sus manifestaciones. Dice, la Prensa, que esas protestas apenas convocan a cientos de hondureños; mientras tanto, dice la Prensa hondureña también, que las manifestaciones en apoyo a Micheletti son de miles, o cientos de miles, para no exagerar.
El domingo pasado, decía, una manifestación convocada de boca en boca ante el silencio de la Prensa, acudieron al aeropuerto para recibir a Zelaya, y acompañarlo a su posible retorno al poder. La casualidad hizo que dos grandes grupos acudieran al mismo tiempo a la entrada del aeropuerto. El grupo de soldados que custodiaban el ingreso, de repente, se vieron rodeados por los cientos de miles de manifestantes.
Zelaya, desde los aires, debió de haber visto la multitud, y quizá se mostró esperanzado. Pero el Ejército ya tenía la estrategia; bloquear la pista del aeropuerto Toncontín, imponiendo un obstáculo más al ya peligrosísimo aterrizaje en ese lugar. La multitud que rodeó a los soldados, pudo haber roto el cerco; sin embargo, la estrategia para evitarlo eran francotiradores desde lo alto, listos para disparar. Y, para muestra, un botón; un joven de 19 años, que permanecía sin hacer trifulca, sirvió como objeto de advertencia: un disparo justamente en el tercer ojo; ¡qué exactitud!
Ha sido difícil enterarse de la verdad. Dicen -quienes han estado en estos días en Honduras- que el Ejército está reprimiendo públicamente a la población, pero cuando una cámara de CNN o de Telesur aparece, alguien les advierte su presencia, y dejan su accionar violento, para cuidar de no deteriorar más su «imagen internacional».
Pero hay cosas que no se pueden callar, y aunque analistas de derecha advierten que Zelaya había violado la Constitución, nada justifica las muertes, los secuestros, los francotiradores, los bloqueos de pistas de aterrizaje, los destierros y todas las acciones gorilescas que han realizado en menos de un mes.
El derrocamiento de Zelaya no debería analizarse desde la inútil e infructuosa lucha ideológica. í‰l llegó por el partido liberal, y previo a ser Presidente, era un gran empresario maderero. Sin embargo, para romper el cerco impuesto por las familias poderosas para que no haya insurrecciones económicas, es necesaria una alternativa para crear riqueza desde otra vía, lo cual ofrece Chávez y el Alba y Petrocaribe, y eso no fue del agrado de Micheletti y de quienes representa.
La figura de Chávez se utiliza, más que nada, para asustar con el petate del muerto. La derecha es la que precisamente habla de los peligros de la polarización de la sociedad, queriendo acallar así voces que se oponen al statu quo. Sin embargo, Honduras sufre ahora más que una polarización; en realidad, sufre por las familias de la clase alta que aún creen que pueden golpear y matar a la población, con tal de mantener su poder cuasi monárquico en ese país. (http://diarioparanoico.blogspot.com)