Crí­ticas por tardí­a reacción


El presidente sudafricano, Thabo Mbeki, era objeto de crí­ticas hoy por su reacción tardí­a a la ola de violencia xenófoba que dejó al menos 50 muertos en su paí­s.


Mbeki condenó ayer los ataques contra los inmigrantes, en un discurso a la nación poco habitual.

El mandatario advirtió contra un regreso al pasado de violencia que caracterizó la lucha contra el apartheid y afirmó que las agresiones xenófobas dañaron la imagen de Sudáfrica y mancharon la reputación de héroes de la liberación como el Premio Nobel de la Paz y ex presidente Nelson Mandela.

«Nunca desde el nacimiento de nuestra democracia habí­amos sido testigos de semejante barbarie. Debemos considerar los acontecimientos de las últimas dos semanas como una vergí¼enza absoluta», afirmó durante un discurso retransmitido por la radio y la televisión públicas.

El Presidente sudafricano ya habí­a condenado la violencia anteriormente y anunciado la creación de un comité para analizar el problema, pero el hecho de que no se hubiese dirigido a la nación hasta ayer dio motivo a sus crí­ticos.

«Fue un muy buen discurso pero tardí­o», declaró Sipho Seepe, analista del Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales, a la radio pública SABC.

«El desafí­o no consiste en condenar la violencia. Consiste en tomar medidas inmediatamente cuando comienza el tumulto en el paí­s», agregó.

Un periódico sudafricano, el Sunday Times, publicó en primera página la exigencia de que Mbeki dimitiera, en un artí­culo que hací­a hincapié en que el presidente todaví­a no visitó las zonas del paí­s afectadas por la violencia.

Mientras miles de inmigrantes -principalmente zimbabuenses y mozambiqueños- se apresuraban en regresar a sus paí­ses, Sudáfrica enfrentaba una crisis humanitaria protagonizada por los extranjeros que huyeron en masa de sus tugurios para refugiarse en comisarí­as, centros comuntarios e iglesias.

Se considera que unas 35 mil personas se desplazaron en el interior de Sudáfrica y miles más huyeron del paí­s. Las autoridades de Mozambique afirmaron que 26 mil emigrantes regresaron desde el inicio de la violencia.

Hoy, los principales escenarios de la violencia contra los inmigrantes parecí­an volver a la calma.

«Ha estado muy, muy tranquilo, aparte de unas cuantas chozas vací­as que fueron incendiadas en Katlehog», en el este de Johannesburgo, declaró Govindsamy Mariemuthoo, portavoz de la policí­a local.

«Estamos patrullando y vigilando la situación», agregó.

La población sudafricana se queja de que los inmigrantes representan una fuente de mano de obra barata y los responsabilizan de la criminalidad.

En un intento de calmar los ánimos, el gobierno movilizó a sus principales personalidades.

«La violencia no solucionará vuestros problemas, sino que los agravará y por lo tanto se quedarán sin solución», afirmó Jacob Zumo, lí­der Congreso Nacional Africano (ANC, el partido en el poder), ante una multitud iracunda en Springs, al este de Johannesburgo.