Las elecciones que se avecinan son cruciales y se realizarán después de cuatro años marcados por la devastadora guerra entre el Hezbolá e Israel en 2006 y por una grave crisis política que degeneró en sangrientos enfrentamientos entre comunidades en 2008, que hicieron temer una nueva guerra civil.
Los próximos comicios enfrentarán a la mayoría antisiria, dirigida por la mayor formación sunita del país, la Corriente del Futuro, de Saad Hariri, y a la minoría, encabezada por el poderoso partido chiíta Hezbolá, un aliado de Siria y de Irán.
Los cristianos, una minoría (35% de los aproximadamente 4 millones de habitantes de Líbano), se han divididos en los dos campos.
La ajustada batalla electoral se definirá en gran medida por un puñado de escaños en algunas áreas cristianas, como en Zahle, un bastión cristiano en la llanura de la Bekaa musulmana (este), donde los candidatos de ambos campos se disputan los votos de la comunidad cristiana.
«El voto cristiano es el que definirá el equilibrio de poder», afirma Melhem Chaoul, profesor de sociología en la Universidad Libanesa.
«Los cristianos están en el centro de la batalla electoral», resume por su lado Okaba Sakr, candidato allegado a la mayoría en Zahle.
En este país multiconfesional, los 128 escaños del Parlamento se dividen en forma equitativa entre cristianos y musulmanes, pero los diputados, de todas las religiones, son elegidos por todos los votantes.
A cada comunidad religiosa se le asigna un número de escaños en los distritos electorales en función de su peso demográfico.
Pero si bien ahora los cristianos tienen un papel capital en los comicios que se avecinan, están lejos de la influencia que disfrutaban antes de la guerra civil (1975-1990), cuando eran los verdaderos dueños del poder.
Los cristianos fueron debilitados por el acuerdo de Taif (que puso fin a la guerra civil), que redujo el poder del presidente de la República, cargo que tradicionalmente recae en un cristiano maronita, y por la tutela de Siria, de la que eran los principales contestatarios.
Además, muchos cristianos han optado por el exilio, durante y después de la guerra, y su número se ha reducido en forma inexorable en estos años.
«Los cristianos son los árbitros desde un punto de vista técnico o numérico, pero han logrado convertirse en una verdadera fuerza política capaz de trascender la división política que corroe a Líbano», dice Chaoul.
«Han optado por el seguidismo. Unos luchan con los chiitas contra los sunitas y viceversa. No se han delimitado, en tanto que elite, tomando posición en el centro, donde tendrían un poder real», agrega.
La situación actual disgusta a muchos, como lo expresa uno de los carteles electorales de un candidato cristiano: «No queremos un maronita dependiente de un chiíta, no queremos un maronita dependiente de un sunita, queremos un auténtico maronita: Sí, a una representación cristiana».
En Zahle, donde las fotos de los candidatos avecinan a las cúpulas de las iglesias, la batalla está en su apogeo.
«Si Hezbolá gana la elección, el frente del sur (la frontera con Israel) se encenderá de nuevo y Siria restablecerá su tutela. Incluso socialmente, da miedo», afirma Elie Hallak, 56 años, un maestro cristiano. Hezbolá «ya tiene mucho poder, si gana, hará lo que le dé la gana», dice.
Esta opinión no es compartida por Tamar Apkarian, una armenia. «En la medida en que no hay ninguna garantía, necesitamos las armas del Hezbolá para defender a nuestro país», afirma rotundamente esta partidaria del ex general Michel Aun, un aliado cristiano del Hezbolá.