Cristianismo e Islam


En lunes compartí­ con usted la primera parte de un texto que me envió Herbert ílvarez, profesor de teologí­a de la Universidad Rafael Landí­var. Herbert hace una reflexión a la luz de su experiencia como estudiante en Europa y como teólogo de lo que él considera que son (o deben ser) las relaciones entre el cristianismo y el Islam. Esta es la segunda parte -y final- ojalá la lectura sea de su provecho.

Eduardo Blandón

Expongo aquí­ algunas reflexiones a tener en cuenta en relación a nuestra necesaria, obligada y evangélica apertura al mundo islámico:

1) «Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.» (Gn 1,27). Deducimos que todos los seres humanos somos criaturas de Dios, por lo tanto hermanos; entonces, llamados a la confraternidad.

2) 1Tm 2, 1-8 exhorta a la oración por todos los seres humanos, cristianos o no: «…Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad…». Dios, entonces, queriendo la salvación de todos, cuenta con los medios para revelarse también a los que no son cristianos.

3) Hch 17, 16-31 es el relato donde encontramos aquella descripción conocida del altar «Al Dios desconocido» en el discurso de Pablo en el areópago de Atenas. Podrí­amos deducir de aquí­ la presencia cercana de Dios a los seres humanos, aunque ellos no lo perciban a la manera de los cristianos. La historia, sin embargo, expresa de muchas maneras que los pueblos siempre han percibido una relacionalidad con el Trascendente; así­ lo prueba la presencia de la religión tanto en todas las culturas primitivas como en nuestra actualidad (habrí­a que dedicarle aquí­ un párrafo aparte a la presencia actual del ateí­smo). Llámesele como se le llame en cada cultura a la Trascendencia, creemos que es a Dios a quien se quiere expresar, aunque no siempre se pueda aprobar todo el aparato cultural desde el cual se percibe. Esto desemboca en Rm 1, 18-25 que aborda aspectos negativos del paganismo, pero que alude al hecho de que Dios se ha revelado a toda la humanidad, se ha hecho visible en la creación. A partir de esto surge la consecuencia lógica de que hay religiones porque se percibe a Dios, y la cuestionante práctica de que debemos respetar las otras religiones porque en ella también Dios se revela.

A sabiendas de que la temática del diálogo interreligioso puede ser compleja al abordar doctrinas de cada religión, se ha querido expresar acá que podemos empezar haciendo algunas reflexiones que nos indiquen un inicio de tolerancia y motivación al acercamiento mutuo. El impacto de la globalización nos impele a la relación. Ya no podemos obviar contacto con mundos que antes nos parecí­an tan lejanos y ajenos como el mundo islámico. Como humanos sabemos que antes de juzgar a profundidad al otro culturalmente, debo, primero, esforzarme por conocer lo mayor posible esa cultura, y en el caso de lo religioso-cristiano, sabemos que la percepción del «prójimo» me lleva a verme en el otro.

El Secretariado Vaticano para los no cristianos, en las «Orientaciones para un diálogo entre cristianos y musulmanes» tanto en la primera edición de 1971 como en la segunda de 1981, manifiesta también el compromiso por el diálogo de la Iglesia Católica. Aún así­, no se puede ser totalmente ingenuo. Existen lugares geográficos de conflicto en la relación Cristianismo e Islam, y ante ello se debe luchar por obtener realidades de entendimiento mutuo.

Por ahora resta terminar con el texto de la Sura 1 del Corán: «En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso. Alabado sea Dios, Señor del universo, el Compasivo, el Misericordioso, Dueño del dí­a del Juicio. A Ti solo servimos y a Ti solo imploramos ayuda. Dirí­genos por la ví­a recta, la ví­a de los que Tú has agraciado, no de los que han incurrido en la ira, ni de los extraviados».