Cristianismo e islam


En dí­as pasados recibí­ una nota de un colega, profesor de teologí­a, Herbert ílvarez, en la que me invitaba a reflexionar sobre la relación entre cristianismo e islamismo. Como la nota es un poco larga (y provechosa según mi opinión), la comparto en dos entregas para que los lectores saquen sus propias conclusiones.

Eduardo Blandón

Todaví­a conservo el regalo que Ashraful Amin Khan me dio al despedirnos después de haber vivido en el mismo edificio durante dos años y medio en mis tiempos de estudio en Alemania. í‰l, un ferviente islamista de Bangladesh; yo un ferviente católico practicante. Antes de regresar a Guatemala me dio parte de su indumentaria islámica como forma de expresar nuestra amistad y hermandad… Y así­ era. Todo mundo creí­a que éramos hermanos. Lo parecí­amos: la estatura, el color de piel, pero sobre todo nuestra gran familiaridad. í‰ramos realmente hermanos. Todaví­a hoy, al encontrarnos anualmente, vivo en su apartamento, compartimos y pasamos unos dí­as de gran alegrí­a, celebrando el volver a darnos un abrazo de reencuentro.

Nosotros, los guatemaltecos, y en general los afroindí­gena -latinoamericanos, no habrí­amos tenido tanta «información» del mundo islámico, si no fuera por los conflictos de los últimos años, sobre todo después de los problemas en Afganistán, Irak, y el ataque del 11 de septiembre. Y aunque desgraciadamente nuestra información depende mucho de cierta visión malintencionada del pensamiento estadounidense, dependiente de la polí­tica de George Bush (hijo), la cual ha creado cierta sombra de mala reputación del mundo islámico como «esencialmente terrorista»; creo que cada vez más se va comprendiendo que no es así­. La gran parte del mundo islámico no es terrorista. Y muchas veces comparto con mis estudiantes la opinión de que con sólo que la mitad del mundo islámico lo fuera, estarí­amos haciendo ya los análisis de una tercera guerra mundial acabada. Con esto no quiero decir que estoy santificando a personajes como Osama bin Laden o Saddam Hussein. Es verdad, que hay movimientos terroristas islámicos, pero ni son todos, ni son la mayorí­a, sino al contrario: una gran minorí­a.

El primer párrafo de este artí­culo, quiere expresar lo profundo y humano que podemos compartir cristianos e islamistas, lo hermandad que podemos llegar a tener bajo las coordenadas del respeto, el diálogo, la aceptación mutua, el descubrir que somos hijos de un mismo Dios, habitantes de la misma «casa grande». A partir de este deseo y esta urgencia hablamos hoy en Teologí­a de «Diálogo Interreligioso».

Este «Diálogo Interreligioso» implica el acercarse unos a otros, compartir mutuamente, ayudarse recí­procamente, trabajar comúnmente a favor del amor, la misericordia y la justicia; discutir benévolamente las situaciones que haya que discutir, pero nunca odiarnos frí­amente o cerrarnos totalmente al intercambio humano.

En el caso cristiano expongo aquí­ algunas reflexiones a tener en cuenta en relación a nuestra necesaria, obligada y evangélica apertura al mundo islámico y a las otras religiones no cristianas:

1) «Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.» (Gn 1:27) Deducimos que todos los seres humanos somos criaturas de Dios, por lo tanto hermanos; entonces, llamados a la confraternidad.

Continuará?