La crisis política en Nicaragua, desatada tras las elecciones municipales del domingo anterior, tiende a prolongarse con la negativa de la oposición a aceptar los resultados oficiales y su llamado a marchas callejeras, lo que el oficialismo considera un plan para ocultar su derrota y desestabilizar al gobierno.
Las marchas están convocadas para el domingo en la ciudad de León (noroeste) y el martes en la capital, y podrían derivar en enfrentamientos entre grupos de partidarios sandinistas y liberales, tal como ocurrió en la campaña electoral.
La oposición, organismos cívicos y empresarios al unísono, reiteraron la exigencia de que haya «una revisión y recuento total de las actas y las boletas electorales de todas las Juntas Receptoras de Votos del país» con observación imparcial, lo que el Tribunal Electoral ha rechazado.
La polémica por el resultado electoral llegó hasta la Iglesia católica que también demanda una revisión total del escrutinio.
La dirigencia católica estimó que dichas irregularidades «deslegitiman y ponen en entredicho el proceso electoral».
El canciller Samuel Santos consideró que los obispos cometieron «un pecado» y «un error» al hacer los mismos planteamientos de la oposición, sin tomar en consideración el calendario electoral.