Kenia era escenario hoy de una importante crisis humanitaria tras una semana de intensa violencia entre etnias provocada por la reelección del presidente Mwai Kibaki, una victoria que la oposición no acepta y que obligó a Estados Unidos a enviar un emisario a Nairobi.

La subsecretaria de Estado estadounidense para los Asuntos Africanos, Jendayi Frazer, se reunió hoy por la mañana con el líder de la oposición keniana, Raila Odinga, según fuentes del partido de éste.
Estados Unidos no oculta su preocupación por la inestabilidad reinante en Kenia, un país aliado en su lucha contra el terrorismo.
Sin embargo y después de una semana de enfrentamientos entre etnias, saqueos y represión policial que dejó un saldo de al menos 360 muertos, la calma retornaba poco a poco al país el sábado.
Nairobi comenzaba a recuperar su apariencia normal y la presencia policial en sus calles se redujo. En Kisumu, al oeste, tercera ciudad del país y bastión de la oposición, el toque de queda impuesto el lunes quedó levantado el sábado gracias a una mejora de las condiciones de seguridad, según la policía.
«La normalidad se va recuperando y la gente vuelve poco a poco a sus trabajos», declaró el comandante de la policía, Grace Kaindi.
En Eldoret, otra ciudad del oeste del país donde hubo importantes enfrentamientos, la calma retornaba poco a poco el sábado, las tiendas abrían sus puertas de nuevo y las filas ante las gasolineras eran interminables.
El sábado por la mañana, la policía escoltó una caravana de desplazados que abandonaban esta ciudad en dirección a la capital y otros centenares de refugiados se aglomeraban en los alrededores de la catedral a la espera de ayuda.
En Nairobi, organizaciones humanitarias presentes en el país como la Cruz Roja keniana o el Programa Alimentario Mundial (PAM) de la ONU mantuvieron una reunión de emergencia sobre cómo organizar la ayuda de urgencia a los damnificados.
Según la Oficina de la ONU para la coordinación de asuntos humanitarios (OCHA), la violencia étnico-política que castiga a Kenia desde las elecciones generales provocó hasta el momento unos 250 mil desplazados.
«En este momento se calcula que hay 250 mil kenianos desplazados debido a la violencia posterior a las elecciones», anunció un comunicado del organismo, que estima también que «entre 400 mil y 500 mil personas se vieron afectadas» de una manera u otra por este conflicto.
El texto indica además que el secretario de la ONU, Ban Ki-moon, se entrevistó el viernes con el presidente reelecto de Kenia, Mwai Kibaki, y el líder de la oposición, Raila Odinga, que no acepta la victoria del primero y asegura que se ha cometido un fraude en las votaciones del 27 de diciembre.
Ban Ki-moon pidió a los dos dirigentes, que pertenecen a dos etnias distintas que se enfrentaron con virulencia en las calles de Kenia, que «resuelvan sus problemas por la vía del diálogo», según la ONU.
Este también fue el mensaje de Frazer a los líderes del país, en un momento en que el gobierno keniano considera inútil cualquier mediación internacional y se opuso el viernes a la posibilidad de celebrar nuevas elecciones, como reclama la oposición.
Otros actores internacionales han instado a las partes en conflicto a sentarse a conversar, como el premio Nobel de la paz sudafricano, Desmond Tutu, el titular de Exteriores británico, David Miliband, o el presidente actual de la Unión Africana y dirigente de Ghana, John Kufuor.
La parálisis de la economía keniana desde hace diez días y los problemas de los transportes por carretera complican considerablemente el transporte de la ayuda humanitaria.
Por razones de seguridad, el transporte de alimentos se ha suspendido completamente «desde hace varios días en el oeste» del país, según el PAM.
El papa Benedicto XVI hizo un llamamiento «al fin inmediato de la violencia y del conflicto fratricida» en Kenia, en un telegrama dirigido al presidente de la Conferencia Episcopal de ese país, John Njue, cuyo contenido difundió el Vaticano.
Es la primera vez que Benedicto XVI habla sobre la situación en Kenia desde la ola de violencia desatada en el país tras las elecciones del 27 de diciembre y la reelección del presidente Mwai Kibaki, impugnada por la oposición.
En este telegrama escrito en su nombre por su secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, el Papa expresa su «profunda tristeza y su profunda preocupación» por la ola de violencia.
En él pide «el fin inmediato de los actos violentos y del conflicto fratricida».