Desprendido del último e interesantísimo informe de la ONG Planeta Vivo y resumido en un ilustrativo artículo de la periodista española Rosa Tristán, la conclusión más clara a la que se llega es que, en lo que respecta a los recursos naturales, el planeta Tierra se encuentra sobregirado en un 30%.
Véalo de otra manera, estamos excedidos en el uso del planeta, le estamos sacando el jugo en un 130% a los recursos y tal parece que el mundo no da más.
De mantener el consumo de sobreexplotación del planeta, continúa el informe, para el año 2030 serán necesarios dos para mantener el estilo de vida.
Refiero algunas cifras del informe: en 30 años han disminuido un 60% en los bosques tropicales, sobre todo en la última década por culpa de los biocombustibles y la demanda de madera; las aves han desaparecido un 20% y uno de cada cuatro mamíferos está en riesgo de extinción, solo por citar algunos de ellos.
En lo que respecta a Guatemala, no por pecar de optimista nos encontramos por debajo de la media actual mundial en cuanto a la capacidad de absorción del consumo individual, es decir la «huella ecológica» que dejamos como país insignificante en comparación a las economías industrializadas. Guatemala se ubica en el ranking en el puesto 91 de 146 naciones por debajo de 2.1 hectáreas, tomando en cuenta que la media mundial anda por las 2.7. Es decir no somos considerados aún deudores ecológicos sino por el contrario aportadores del hábitat.
El informe nos indica que en los Estados Unidos cada habitante requiere de 9.4 hectáreas para satisfacer su demanda de consumo, dejando huella sobre el planeta. Es decir que junto a naciones como China e India son deudores ecológicos. En obviedad el informe nos indica que cuanto mas industrializada se encuentre la sociedad mayor es su huella ecológica.
El director general de la ONG que preparó el informe dice claramente «el mundo está preocupado por la crisis financiera, lo que realmente amenaza a la sociedad es la crisis del crédito ecológico». Esto indudablemente amarrado a los patrones de consumo.
Durante algún tiempo he defendido la teoría que paulatinamente la humanidad se aproxima a la era de la auténtica económica de la escasez, es decir, de no tomar medidas apropiadas y audaces, reduciendo los patrones de consumo hasta ahora experimentados, desacelerando el ritmo inflacionario mundial que se motiva por el afán de poseer mas, estaremos condenando a la humanidad y al planeta a un desastroso panorama que sin duda nuestros hijos habrán de experimentar.
A lo mejor como en una película de ciencia ficción, en unos años habremos de pagar exorbitante sumas por 1 tomate o 1 botella de agua.
Un punto clave en este entramado y complejo proceso económico en el que se encuentra la humanidad, derivado de una crisis financiera mundial y que indudablemente, repito hasta la saciedad, se encuentra vinculado al modelo de consumo y de riqueza impuesto durante muchos años, será el de buscar la optimización de los recursos y de las capacidades de producción en economías renovadas, este no es un trabajo aislado sino una compleja búsqueda de un modelo que satisfaga las necesidades de toda la población y respete en integridad el medio ambiente.