Crisis de legitimidad, riesgo de ingobernabilidad


Algunos hechos y acontecimientos ocurridos en el paí­s los últimos dí­as, despiertan preocupación acerca de la frágil gobernabilidad. La Ciencia Polí­tica define la gobernabilidad como, «la cualidad propia de una comunidad polí­tica según la cual sus instituciones de gobierno actúan eficazmente dentro de su espacio, de un modo considerado legí­timo por la ciudadaní­a, permitiendo así­ el libre ejercicio de la voluntad polí­tica del poder ejecutivo mediante la obediencia del pueblo.» (Xavier Arbós. 1993).

Factor Méndez Doninelli

Esta definición toma en cuenta dos variables, la primera es la eficacia y la segunda la legitimidad. La eficacia puede entenderse como el cumplimiento de los objetivos del gobierno y la legitimidad como la aceptación de los ciudadanos de la dominación del gobierno. (Salvador Gines. 1993).

Explicadas las dos variables, dentro de la gobernabilidad se deben tomar varios aspectos que ayudan a consolidar la eficacia del poder ejecutivo. Dentro de éstos está la capacidad de aprobar leyes, la eficiencia para ejecutarlas a través del aparato burocrático y la aceptación de los gobernados para aplicar estas polí­ticas.

En el sistema multipartidista donde predomina el pluralismo ideológico y el ejercicio parlamentario, no existe en el parlamento una mayorí­a predominante. La eficacia para elaborar y aprobar leyes se dará a partir de pactos polí­ticos que conformen mayorí­as parlamentarias, es decir, coaliciones capaces de impulsar las leyes que al Ejecutivo interesen en función del bienestar social.

Para lograr la legitimidad, es importante la representación polí­tica, y la capacidad de los partidos para insertar o bajar demandas al sistema polí­tico. La representación se define como, «…la capacidad de un gobierno de poder decepcionar las demandas para representarlas ante el poder de una manera ascendente y de representar al poder de una manera descendente». (Marcos Novaro. 2000). De esa manera, el consenso con los sectores de la sociedad civil se facilita para elaborar demandas y polí­ticas públicas. Los elementos mencionados configuran la gobernabilidad.

Al contrastar la teorí­a con la realidad del paí­s, con facilidad se puede concluir que estamos frente a una crisis de legitimidad que pone en riesgo la gobernabilidad. Veamos algunos signos. El Ejecutivo aprueba reformas al Reglamento de Tránsito, restringe el uso de las motocicletas a un pasajero y ordena utilizar chaleco para identificar el número de matrí­cula; la Policí­a Municipal de Tránsito adversa la decisión por el color del chaleco y los trabajadores se oponen a la disposición ordenada.

Se aprueba la Ley de Acceso a la Información pero los alcaldes sugieren que debe negarse información sobre el salario de los mismos. Se aprueba la Ley de Armas y Municiones y sigue la matanza. O sea, hay manifestaciones de resistencia a la observación y cumplimiento de las leyes, pues. Lo que se percibe es que una parte de los gobernantes y gobernados se resisten o no quieren acatar las leyes. Es un mal sí­ntoma.

P.S. El basurero Mixco-San Lucas que se acumula en ambas orillas del arriate central de la autopista y en las cunetas, sigue esperando atención de las autoridades de Covial y de las jurisdicciones municipales de esas localidades, la llegada del invierno amenaza con tapar los tragantes de la ví­a y provocar serias inundaciones entre los kilómetros 19 y 27. ¿Qué esperan para evitarlo? ¿Cuándo se ocuparán de limpiar la basura y despejar los tragantes?