Como todos sus homónimos es preocupante el rumbo que lleva en el país. Y resulta más alarmante por cuanto tiene implicaciones y proyecciones difíciles. Esfuerzos encaminados a disminuirla al menos, no faltan de parte del gobierno central, que a ojos vista atiende el aspecto social con notorio énfasis.
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Acciones remediables, acaso de larga duración, son ejecutadas aquí y allá. Sin embargo, representa de alguna manera cierto paternalismo no tan recomendable, a criterio de analistas sobre el particular. Viene a ser la profundidad del caso muy enorme que ya tocó fondo, empero, su persistencia será impredecible.
Aun mediante una óptica común y corriente se concluye en que entran en juego aspectos diversos, mancomunados y dispuestos a disuadir a sus actores. Bueno, empecemos con la pobreza y pobreza extrema cuyo empuje orilla al dramático caso de connacionales sin acceso a la adquisición de nutrientes básicos.
Imposible pueden hacerlo si tomamos en cuenta el valladar de ser indigentes, carentes de trabajo ni salario asegurado, con el cual siquiera un tiempo de comida llevan a cabo. Ello causa, sin duda alguna, el principal motivo, causa mejor dicho de la crisis en mención, apoderada de grandes sectores poblacionales.
De consiguiente, mientras se entorpezca un paliativo, a guisa de prueba selectiva consistente en arribar a las fronteras deseables, el envolvente caso prosigue su avance. Hacerle la guerra a las temibles causas imperantes frontalmente, conviene a título de receta ajena a lo mágico, sí realista y certera.
Un pueblo sin alimentos suficientes, sanos y variados, lleva las de perder, padecer de enfermedades, peor aun, desfallecer y morir. Fatalidad es su crecimiento que conduce a circunstancias etiquetadas en el lado oscuro del cotidiano acontecer. A propósito cito palabras de don César Brañas: «No le amargues a nadie su pan».
Pese a ser Guatemala eminente agrícola con todas sus letras, la productividad actual acusa una merma considerable y dañina. Fenómenos naturales casi permanentes agudizan el problema y nos llevan a la playa de esta crisis alimentaria. Justificadas razones genera el caso negativo hoy en día.
Por eso mismo siempre apuntan planes y proyectos del ramo de agricultura y economía en diversificar los cultivos aludidos a toda máquina. En tal virtud a eso también obedecen los clamores generalizados de quienes trabajan la tierra en obtener los famosos fertilizantes, brazo poderoso como ayuda esencial.
Día a día las estadísticas pertinentes reflejan los bajos índices productivos por una parte, y por la otra sacan a la luz el ramalazo devenido del encarecimiento de la canasta básica. Luego entonces las administradoras de las finanzas hogareñas solamente adquieren lo muy indispensable y quedan muchos pendientes.
Las mesas de los guatemaltecos, si cabe todavía decir, exhiben déficits tremendos, incapaces de satisfacer la dieta necesaria, a resultas de la referida crisis alimentaria. El lema de una campaña antigua al respecto que rezaba: «íngeles con hambre», ahora abarca otros segmentos importantes.
Necesidades primarias con el calificativo de alimentarias están provocando incalculables limitaciones del orden gigantesco. No hay dinero, tampoco trabajo y salarios justos, causales que atormentan el diario vivir y siembran malestar a lo grande. Creemos que sea posible entrarle con ganas a la urgente solución.