Cuando la mañana de martes observé en Prensa Libre la fotografía de Marco Aurelio Paz de León con el rostro demacrado, los ojos intensamente tristes y con las manos esposadas, me invadió un sentimiento de pesadumbre y desaliento, porque a este entusiasta promotor de la cultura que jamás en la vida ha disparado un tiro, a sus 70 años de edad es acusado de secuestrador, después de que en la madrugada del lunes alrededor de 20 agentes de la Policía Nacional Civil, soldados del ejército y auxiliares fiscales allanaron su vivienda, mientras otros 30 se apostaban en la calle, justo en el momento cuando sus hijas y nietos se disponían a quemar cuetes y agasajarlo en celebración del Día del Padre.
Ese lunes, Marco Aurelio, en su calidad de presidente de la Casa de Cultura de Tejutla, se reuniría con miembros del cenáculo que encabeza o integra desde su fundación, para acelerar los preparativos de las actividades artísticas, culturales, religiosas y deportivas en ocasión de celebrarse a finales de julio próximo la feria anual de ese olvidado y tranquilo municipio de San Marcos, especialmente la convocatoria a los juegos florales.
Pero no contaba que por haber firmado, conjuntamente con representantes de decenas de grupos comunitarios, ajenos a la política partidista, un documento de apoyo a la corporación municipal a cuyo alcalde lo acusan de ser el jefe de una banda de delincuentes, sería implicado en un crimen tan deleznable como es el secuestro, y que rastrearían su casa en búsqueda de armamento. Encontraron la réplica de un arcabuz del siglo XIX.
Pese a padecer de diabetes, presión alta, deficiencia renal, colon irritable y otras dolencias que debe controlar con la ingesta de 10 medicamentos diariamente y la aplicación de insulina, este promotor de la cultura no ceja en su empeño de dedicar su tiempo a contribuir al progreso de su pueblo, como la realización de un FODA en todo el municipio, que involucró a la totalidad de tejutlecos, entre niños, jóvenes y adultos, para elaborar un plan de desarrollo; la instalación y funcionamiento de una ordenada y moderna biblioteca, así como la delegación de la Cruz Roja, y otras actividades afines, desoyendo los consejos de su esposa, hijas y amigos, que le recomiendan disminuir su ritmo de trabajo cultural y comunitario, para que no decaiga su calidad de vida.
Al ser conducido por decenas de los 770 miembros de las fuerzas de seguridad del Estado, en búsqueda de miembros del Comité de Seguridad Ciudadana (que funciona en ausencia de una delegación de la PNC), acusados de cometer secuestros y otras fechorías, y al cual Paz de León nunca se integró, como tampoco ha militado en política partidista, este ciudadano respetado y admirado por sus paisanos –esta vez apresado como vil delincuente– sufrió un colapso y fue hospitalizado inmediatamente por instrucciones precisas de delegados del Inacif y de la Procuraduría de los Derechos Humanos.
La captura de este “peligroso secuestrador” creo que no es el mejor ejemplo del combate al crimen organizado. ¿O sí?
(Mi paisano Romualdo Tishudo recibió este mensaje de nuestro compatriota Byron Titus: –Guatemala debe ser enjuiciada por el asesinato del optimismo y el secuestro de la esperanza).