Crimen y banqueros


Edgar-Balsells

En mi opinión “un banquero” es una persona que administra un banco, léase una institución que pide prestado nuestro dinero, y por ello nos paga un rédito determinado, y con la acumulación de tales solicitudes de dinero ajeno, se dedica a una serie de negocios que, con el concepto de “banca como un supermercado”, se trata de giros de lo más variopinto.

Edgar Balsells

 


Guatemala es uno de los países de América Latina en los que el diferencial que se observa entre lo que nos pagan por utilizar nuestro dinero y lo que hacen con el mismo, es uno de los más altos. En tal sentido, los banqueros tienen buenas ganancias, y por ende debieran tener buenos jefes bancarios, sobre todo cuando se adentran en el interior de la República en comarcas tan convulsas como Coatepeque, Estanzuela,  Marajuma y otras por el estilo.

Resulta ser que una de las noticias que ha sido comidilla de la semana es la captura, nada más y nada menos, del Jefe de una agencia bancaria privada de la ciudad de Coatepeque, siendo el nombre del susodicho Joel Barillas, quien es acusado de complicidad en la muerte de dos prósperos esposos médicos de la región.

Cuando uno lee una noticia como la relacionada con el señor  Barillas, debe exigir, como usuario de los servicios bancarios: una explicación convincente de las autoridades de dicho banco y las medidas a tomar para que tales sucesos no vuelvan a suceder, sobre todo cuando se sabe por medio de la Prensa que se trata de un banco que tiene en su seno inversión extranjera, suponiéndose que dicha inversión, al aposentarse en Guatemala, provee una mejora de las tecnologías y tiene una mayor experiencia, viniendo de países con más tradición financiera.

En el nuevo concierto de regulaciones internacionales, erigidas gradualmente a partir de los denominados “crímenes de cuello blanco”, movidos por las más ingeniosas maquinaciones bancarias, se ha venido trabajando en la prevención de riesgos como el denominado “riesgo reputacional” y “riesgo operativo”, que constituyen preocupaciones globalizadas, que son paralelas a la globalización de actividades criminales de todo tipo.

El hecho de que un “banquero”, o representante de un banco en una ciudad intermedia tan compleja e importante como lo es Coatepeque, resulte implicado en tamaña acusación es algo que debe explicarse y revelarse con todos sus detalles, y que, además, merece la más focalizada atención de las autoridades reguladoras.

En cualquier cursillo de Administración se pregona con insistencia que “la responsabilidad no se delega, sólo se comparte”, y el Consejo de Administración del citado banco debiera dar una explicación convincente, tomando, además, medidas drásticas, de cara al público.

Cuando uno lee las noticias en la Prensa se da uno cuenta que el sistema bancario está asediado por el crimen organizado y desorganizado de este país, y precisamente en momentos antes de escribir estas líneas y escuchando la “inmediatez de la noticia” de las radios locales, se habla con insistencia de cómo los cacos de diferente envergadura rondan alrededor de las agencias bancarias para despojar y extorsionar.

La lógica de por qué los bancos son asediados por el crimen es fácil de explicar cuando uno discierne sobre el tema de la violencia cotidiana y concluye que la misma es todo un negocio; por ello se habla de “economía subterránea” y para combatirla le pagamos privilegiados honorarios a los reguladores financieros para que nos protejan. Debemos entonces seguir tratando este menudo problema.