Los habitantes de la aldea Chilajú, Salamá, Baja Verapaz, aún no se recuperan de los crímenes que habría cometido Joshua Thomas Cotoc, un hombre estadounidense sindicado de abusar sexualmente de más de 30 niños de esa comunidad.
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Aunque los más vulnerables y los más afectados son las pequeñas víctimas, en la comunidad también se han dado algunos «efectos» de ese duro golpe, puesto que el grupo se ha disgregado y los niños son objeto de burla, tanto de otros niños como de algunos de sus familiares.
Así lo afirmaron algunas de las partes del proceso y lo confirmó la Procuraduría General de la Nación (PGN), querellantes adhesivos dentro del debate; quienes solicitaron a la jueza contralora del proceso en primera instancia la atención psicológica, tanto para los niños como para otros miembros de la comunidad, lo cual no se ha cumplido.
El Ministerio Público considera que el extranjero sindicado incurrió en más de 30 violaciones en esa comunidad, no obstante, actualmente sólo enfrenta proceso penal por cuatro.
Pero esto ha retrasado el proceso en su contra, pues además de los recursos legales interpuestos por su defensa, estuvo hospitalizado desde el 9 de diciembre de 2008 hasta dos semanas atrás.
A criterio de Alexander Colop, fiscal titular de la fiscalía de la Niñez Víctima del MP, «la declaración tanto de los niños víctimas como de sus padres son elocuentes».
Aunque el fiscal no otorgó detalles de las declaraciones, la acusación refiere que el sindicado para cometer el delito «hacía grupos de varios niños para quedarse a dormir con ellos».
El documento acusatorio también refiere que Cotoc bajo engaños como juegos, dinero, ropa y comida hacía que los infantes accedieran a ir a su casa y que a determinada edad los dejaba de invitar.
Actualmente el sindicado se encuentra en prisión preventiva por los delitos de abusos deshonestos violentos continuados con agravación, debido a que el crimen fue ejecutado varias veces.
El caso
En diciembre de 2008, la Policía Nacional Civil de la aldea Chilajú, Salamá, Baja Verapaz, practicó un allanamiento en la residencia de Joshua Thomas Cotoc, quien años atrás había llegado de su país de origen (Estados Unidos) a trabajar como misionero en esa región.
Las autoridades capturaron al estadounidense en flagrante delito, cuando abusaba de cuatro niños de la comunidad donde laboraba.
Según información de testigos, el entonces recién detenido intentó quitarse la vida con un bisturí al verse descubierto. Según la fiscalía, las víctimas del sindicado oscilaban entre los 8 y los 12e años de edad.
El juez de Primera Instancia de aquella región lo ligó a proceso por cuatro delitos de abusos deshonestos violentos; sin embargo, la Fiscalía contra la Trata de Personas, que investiga el caso, asegura de tener nueve testimonios más que lo involucran con abusos sexuales.
Mientras el MP lo sindica del delito de abusos deshonestos violentos, la defensa del sindicado sostiene que la nueva Ley Contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas deroga ese delito.
Las heridas
Los señalamientos, burlas y rechazos de parte de otros miembros de la comunidad, así como de algunos familiares de los niños víctimas de ese hecho no se han hecho esperar. En ello coincidieron algunas de las partes del proceso.
Sin embargo, esos crímenes han generado también la disgregación de la comunidad y que otras de las víctimas ya no declaren ante el MP o denuncien los hechos, debido a que no quieren ser objeto de burlas y rechazos.
Dentro del proceso penal contra Cotoc, la PGN representa a los niños que fueran víctimas del extranjero; Abraham Baca, portavoz de esa instancia, indicó que los fenómenos arriba citados ya han sido confirmados por éstos y que se han ejercido acciones legales, las cuales no se han cumplido.
«Los niños son rechazados en la comunidad, no sólo por sus vecinos sino, inclusive, por sus familiares, les ponen apodos y se burlan», explica Baca.
Ante tal situación, Baca informó que la PGN solicitó a la jueza contralora del proceso que se les facilitara tratamiento psicológico tanto a los niños como a la comunidad; sin embargo, la juzgadora sólo ordenó que los menores y sus padres sean tratados psicológicamente en el Hospital Nacional de Salamá.
Pese a esa orden, el tratamiento «no se está dando», indica el vocero de esa instancia y añade que «no es un proceso fácil, pero la PGN está vigilante para que se lleve a cabo. El proceso será lento por el poco personal que tiene ese hospital», señaló.
Vulnerabilidad
Byron Alvarado, representante del Movimiento Social por la Niñez y la Adolescencia de Guatemala, explica que la teoría de protección integral a los niños víctimas de delitos sexuales promueve que el desarrollo de éste «no sólo sea físico sino emocional y cognitivo», señala.
«Cuando las y los niños se ven agredidos por los adultos o por una circunstancia brutal como agresión física, ésta tiene graves repercusiones en su personalidad y contribuye al círculo de la violencia intrafamiliar; sin tratamiento adecuado, estos niños serán agresores con sus hijos, con su esposa y con todos los que estén a su alrededor», explica el experto.
Entre otras secuelas de esos hechos, Alvarado añade que este tipo de agresiones produce la pérdida de valores de convivencia y de referencia en el niño, ya que éste se abstrae de la realidad: «Esta es una reacción propia de la realidad del ser humano y se puede abstraer mentalmente hasta incluso generar retraso mental», indica.
A criterio de Alvarado, la comunidad debería recibir ayuda parental, es decir no tratamiento psicológico en clínicas sino sesiones de terapia grupal para que comprendan que lo que le pasó a los niños se trata de una agresión brutal y no es conveniente que se incida en la revictimización y estigmatización.
«El Estado debe brindar apoyo inmediato a la comunidad y orientarla para que reciba y proteja a los niños que sufrieron esta agresión y no para que los rechace», enfatiza el entrevistado.
Alvarado considera que el tratamiento debe ser ejercido por el Ministerio de Salud, debido a que «la violencia en el país es un problema de salud pública», considera.
Byron Alvarado
Movimiento Social por la Niñez y la Adolescencia.
Abraham Baca
Portavoz de la PGN.
Mynor Pinto
Fiscal del caso.
Milton Miranda
Abogado defensor de Cotoc.
El juicio contra Cotoc continúa, y con éste, las heridas de la comunidad de Chilajú aún sangran.
Mynor Pinto, fiscal, explica que las declaraciones de las víctimas coincidieron con la plataforma acusatoria y que ello genera una prueba clara de responsabilidad del sindicado. Además, falta prueba científica.
«Los niños declararon específicamente lo que les hizo el sindicado y eso coincide con las declaraciones que vertieron para fundamentar la denuncia», señala.
Pinto añade que hay acciones pendientes de resolver que impiden que un tribunal juzgue al sindicado por nueve crímenes más, que son otros niños que declararon haber sido agredidos por el estadounidense.
Actualmente Cotoc enfrenta juicio por cuatro violaciones debido a que fue lo que apuntó su captura, pues fue aprehendido en flagrante delito. «Un mes después que se le aprehendió solicitamos su captura por nueve hechos más, pero desde ahí la defensa ha venido retrasando el caso», señala Pinto.
La pena máxima que el extranjero podría pagar por ese caso es de 16 años por cada violación, unos 64 años; no obstante, por los nueve casos restantes podría existir una condena de 144 años más, es decir, 208 años de cárcel por violación agravada.
Pero a criterio de Milton Miranda, abogado defensor del sindicado, la imputación de nueve hechos más «es ilegal e improcedente».
«El hecho que la fiscalía quiera acusar por nueve hechos más, es además de ilegal, improcedente porque la denuncia empezó por trece niños y la fiscalía sólo acusó por cuatro, ¿qué paso con los otros nueve?», cuestiona el abogado.
Miranda añade que la fiscalía debió solicitar la clausura del proceso, «hasta que recabara todas las pruebas que se supone que tiene contra mi defendido», señala.
Pero Miranda también fue cuestionado respecto a los contundentes testimonios de las víctimas, a lo que respondió: «lo que pasa que la defensa de una persona no siempre está limitada a alegar inocente de los sindicados, también se puede ejercer el proceso desde la petición de penas mínimas. Bajo esa condición asumí la responsabilidad de representar a esta persona», indica.