El número uno chino, Hu Jintao, abogó por un crecimiento económico más equilibrado y unas reformas políticas que no pongan en entredicho el poder del Partido Comunista Chino, que hoy inauguró su 17º congreso en Pekín.
En un discurso de casi dos horas y media ante más de 2.200 delegados reunidos, bajo fuertes medidas de seguridad, durante una semana en el Palacio del Pueblo, el secretario del Partido y jefe de Estado no abandonó su legendaria prudencia.
En el ámbito económico y social, Hu insistió en la necesidad de un «desarrollo equilibrado para asegurar un crecimiento sano y rápido» del gigante asiático, el país más poblado del mundo, con 1.300 millones de habitantes, y la tercera economía del planeta.
Sin anunciar medidas precisas, Jintao, que debería ser reelegido para un segundo mandato de cinco años a las riendas del país, subrayó que pese a los «extraordinarios» progresos, sigue existiendo «una distancia considerable entre lo que hemos realizado y lo que el pueblo espera de nosotros».
Además de la cuestión del «reparto de ingresos», en la lista de problemas a resolver también enumeró los ligados al empleo, a la protección social, a la salud y a la educación.
Con una voz monótona, vestido con traje azul marino y corbata roja, Hu Jintao reiteró su credo de «armonía social» en un discurso aplaudido por un público solidario con su causa, en apariencia por lo menos.
La agencia de noticias oficial China Nueva afirmó que Jintao había pronunciado la palabra «democracia» 60 veces el lunes. Sin embargo, el presidente chino se guardó de sorprender a los observadores.
La «profundización de las reformas políticas» fue evocada como eje prioritario de los cinco próximos años, pero la sacrosanta «democracia socialista» perdura.
«La reforma política deber intensificarse a medida que avanza el desarrollo económico y social (…) al ritmo del desarrollo del socialismo», declaró Jintao subrayando el «papel motor del Partido Comunista Chino en el control del conjunto de la situación y la coordinación de la acción de todas las partes».
«Enarbolando muy alto el estandarte del socialismo», el número uno chino insistió sobre la «participación de los ciudadanos», que se ampliará «de manera ordenada». Es decir, que China no pasará a un sistema democrático parlamentario de tipo occidental.
Se trata más bien de «lograr elegir progresivamente, en las aglomeraciones urbanas y las regiones rurales, a los diputados y representantes de las asambleas populares», aunque hay que «incrementar la capacidad del Partido para ejercer el poder» y evitar toda «precipitación», ordenó.
Hu propuso asimismo mejorar «el sistema de consulta política, de derecho de crítica democrático, de participación en los asuntos políticos».
También pidió una mejor aplicación de la Constitución y de las leyes, así como un sistema de gobierno más eficaz.
«Nos comprometeremos a mejorar la transparencia y la credibilidad de las autoridades gubernamentales gracias al perfeccionamiento de una administración abierta a los asuntos diarios», prometió Hu, considerando una vez más que la corrupción amenaza «la supervivencia del Partido».
Esforzándose por tranquilizar a sus «compatriotas» de Taiwán, el presidente chino deseó «un acuerdo de paz» con la isla, considerada como una provincia rebelde por China.
Al mismo tiempo, pero evitando las amenazas, dio a entender que el Partido no tolerará la independencia de Taiwán, a pocos meses de un referendum previsto por el presidente taiwanés Chen Shui Bian sobre el regreso de la isla a Naciones Unidas.
La apertura del XVII Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), el evento político más importante del país en los últimos cinco años, se convirtió en foco de la prensa no sólo local sino internacional.
A las 9:00 de la mañana (hora local), cuando se inauguró el Congreso, la Televisión Central de China (CCTV) dio inicio a la transmisión, en vivo, del evento en los canales 1, 4, y 9 (éste último en inglés), así como en los de noticias, español, y francés.
En su informe, que se extendió durante dos horas y media, Hu Jintao, secretario general del XVI Comité Central del PCCh, señaló las ambiciosas metas para el desarrollo económico, político, y social del país, así como su posición en la escena internacional.
Mientras Hu pronunciaba su discurso, las principales agencias noticiosas extranjeras, como Associated Press (AP), Reuters, Agence France-Presse (AFP), y la oficial Agencia de Noticias Xinhua, publicaban docenas de reportajes que ofrecían fragmentos e interpretaciones del mismo para lectores en todo el mundo.
Algunos párrafos del informe gozaron de particular atención, como los que hablaban de un tratado de paz con Taiwan, la cuadruplicación de la economía de China para 2020, la lucha contra la corrupción, la conservación energética y la protección medioambiental, y los esfuerzos por distribuir los beneficios de la prosperidad económica de una manera más justa en toda la sociedad.
En una de sus notas, Reuters citó a algunos analistas y publicó comentarios inmediatos sobre el informe de Hu.
«El discurso transmite la señal de que el gobierno asegurará la prosperidad económica sostenible, que es la piedra angular de la prosperidad en las bolsas de valores», aseguró Liu Lifeng, administrador de fondos de BOC International Holdings, con sede en Shanghai.
El informe reflejó la preocupación de los líderes chinos por los ciudadanos del común, explicó a AFP Wang Qing, economista de Morgan Stanley.
«Enfatizar en metas de crecimiento per cápita demuestra la preocupación de esta administración por el bienestar del pueblo», agregó Wang.
Los millones de internautas chinos también pudieron seguir el desarollo del certamen, ya que casi todos los portales cibernéticos de China publicaron notas relacionadas con el discurso de Hu en sus páginas principales.