Militantes de derechos de la mujer en Arabia Saudita seguían expresando su ira contra la justicia de esta monarquía ultraconservadora por haber condenado a seis meses de cárcel y 200 latigazos a una joven compatriota que en 2006 fue víctima de una violación colectiva.
«Con toda seguridad, hay una injusticia hacia las mujeres en los tribunales. Es una triste situación la que soportan las sauditas», explicó Wajiha Al Hweider, militante por los derechos de las mujeres.
«El reino está en una situación incómoda. El rey (Abdalá) debe intervenir para poner fin a esta farsa», añadió, en referencia a la sentencia dictada contra esta joven saudita, cuya identidad no se conoce públicamente.
De 19 años de edad, la muchacha fue condenada una primera vez en octubre de 2006, después de ser violada, a 90 latigazos por haber estado en un automóvil junto a un hombre que no era de su familia.
El 14 de noviembre pasado la condena fue aumentada a 200 latigazos y seis meses de cárcel. La justicia la acusó de haber «intentado influir en el tribunal a través de la prensa», según una fuente judicial citada por el diario local Arab News.
Arabia Saudita se basa en los principios wahabitas, una interpretación muy estricta de la Sharia (ley islámica), según la cual, las mujeres no tienen derecho a conducir, no deben estar en presencia de hombres que no pertenecen a su familia -excepto su abuelo, padre, tío, marido, hijo o hermano, y en público, deben cubrirse de la cabeza a los pies.
Según Hweider, que estudió en Estados Unidos, es urgente una reforma del sistema judicial saudita, que se basa exclusivamente en la Sharia.
«La ley no está escrita. Es un asunto de suerte: se tiene suerte si te toca un juez moderado y que teme a Dios», asegura.
Hatun Al Fassi, profesora de historia en la universidad Rey Saud en Riad, también militante por los derechos de las mujeres, coincide en que las sauditas padecen la ausencia de una legislación escrita pues los veredictos dependen de cada juez.
«Todo depende del razonamiento del juez», afirma. «Está muy bien que este caso haya adquirido una dimensión internacional. Hubiera sido una verguenza que no se conociera esta historia. Pues la sentencia transformó a la víctima en culpable», opinó.
«Una lógica semejante no tiene nada que ver con el islám. Es resultado del machismo», denuncia.
Hweider deplora también las humillaciones de que son víctima las mujeres ante los tribunales pues los jueces, que son siempre religiosos, sólo se dirigen a sus parientes hombres.
«Las mujeres no tienen derecho a defenderse ante un tribunal. Ingresan en el tribunal cubiertas de negro de la cabeza a los pies. Y algunos jueces ni siquiera las autorizan a hablar», explica.
«Una mujer siempre es tratada como un menor y un ciudadano de segunda. Necesita un tutor macho», acusa Fassi, antes de recordar que para obtener un documento de identidad o un pasaporte, las mujeres necesitan un padrino pues tampoco tienen derecho a ingresar en una oficina de la administración pública.
Y así, «los hijos se convierten en tutores de su madre si ésta es viuda o divorciada. Y ella necesita su acuerdo por escrito para todo», precisa sin poder ocultar su indignación.
Aunque admite que algunas sauditas han tenido éxito en sus oficios, subraya que una mujer «puede perderlo todo si su padrino decide encerrarla en casa».
«Y para un juez saudita, soy propiedad de mi tutor», sentencia.