Costa Rica, polo aeroespacial


Laura Chinchilla, presidenta electa de Costa Rica, junto a Hillary Clinton, secretaria estadounidense de Estado. FOTO LA HORA: AFP PABLO MARTíNEZ MONSIVíIS

Cuando la presidenta electa de Costa Rica, Laura Chinchilla, se reunió con la jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, uno de los temas de la agenda fue pedirle apoyo para el proyecto de convertir a Costa Rica en un polo de desarrollo aeroespacial.


El proyecto, propulsado por el astronauta costarricense Frankling Chang y su hermano Roland, es construir componentes de satélites, en particular la plataforma de acoplamiento de los cohetes espaciales, y de partes de aviones en Liberia (250 km al oeste de San José), donde está la empresa de su propiedad -Ad Astra Rocket- donde desarrollan el motor de plasma que permitirá al ser humano «colonizar el espacio».

Lo dos hermanos pretenden hacer un «experimento» con la Alianza Costarricense Aeroespacial -que agrupa a seis pequeñas empresas- para fabricar «una maqueta de la estructura espacial que servirí­a de soporte a los cohetes» a escala natural, lo que demostrarí­a la «capacidad de Costa Rica de fabricar esta estructura», dijo Roland Chang.

El siguiente paso serí­a fabricar «la estructura real que irí­a al espacio», lo que convertirí­a a Costa Rica en el «primer socio latinoamericano de la Estación Espacial Internacional» y que debe contar con la aprobación del gobierno de Estados Unidos.

De ahí­ el pedido de ayuda de Chinchilla a Clinton durante la visita que ésta realizó el jueves a Costa Rica para participar en una reunión de la Iniciativa Caminos para la Prosperidad en las Américas.

«Hemos pedido a Estados Unidos que presten su apoyo ante la NASA», explicó René Castro, el canciller designado para el gobierno de Chinchilla que asumirá el 8 de mayo.

Pero los hermanos Chang se enfrentan a un problema: la Asamblea Legislativa costarricense -conocida por su lentitud para aprobar cualquier proyecto- tiene que ratificar un acuerdo firmado en Naciones Unidas en 1975 para poder ser socio de la Estación Espacial Internacional.

En Costa Rica, según Chang, existen buenos ingenieros, cuyos salarios son inferiores a los de otros paí­ses desarrollados, y pequeñas empresas que podrí­an fabricar estos componentes.

Además, existe la experiencia. Hasta las instalaciones de la Cooperativa Autogestionaria de Servicios Aeroindustriales en el aeropuerto internacional Juan Santamarí­a, en las afueras de San José, llegan aviones de todo el mundo para mantenimiento o ser reparados.

«Estamos tratando de llevar al paí­s hacia un nicho muy especializado», dice Roland, director en Costa Rica de Ad Astra Rocket, la empresa que fundó en Houston (EEUU) su hermano, el primer astronauta latinoamericano en viajar al espacio y uno de los que más veces lo han hecho -siete veces-.

Y es que el mercado aeroespacial mueve 270.000 millones de dólares al año, mayormente por la industria privada. La NASA tiene un presupuesto de 20.000 millones.

Los Chang están convencidos de que el motor de plasma, que en 2013 tendrá su prueba de fuego en el espacio, servirá de acicate para el desarrollo de la industria aeroespacial, en una región donde casi la única fuente de trabajo es el sol y el turismo.

«Será como el fósforo que encienda la fogata», dice Chang. Espera que el motor de plasma se utilice antes de pensar en ir a Marte a partir del 2025, pueda servir par propulsar los remolcadores que se encarguen de «limpiar» las órbitas espaciales, llevar los satélites en órbitas bajas a otras más altas -que actualmente se hace con cohetes quí­micos-, y «más adelante» para traer minerales de otros planetas.