En este país, por la forma de su sociedad, por su tamaño, tarde o temprano todo se sabe y no debería sorprendernos ver los contrasentidos que se producen en las opiniones y actitudes. Sin que los editoriales de los medios escritos lleven firma, al leer el contenido, la forma de plantear los hechos, se sabe perfectamente quién lo escribió; como bien dicen, «por la pluma se conoce al pájaro».
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Los compromisos, la profesión, las amistades ya no digamos el estado de la luna o la cantidad de alipuses hacen que así se oriente la expresión o la opinión que contiene el editorial de ciertos medios; el contenido puede verse influenciado por los intereses materiales, políticos y emocionales de quien empuña la pluma editorialmente ese día; reconocemos que hay excepciones que merecen el respeto por la objetividad y ecuanimidad que sus editoriales contienen, pero sin duda alguna son los menos.
La semana pasada, un medio se refirió a la resolución que emitiera la Corte Centroamericana de Justicia sobre el reclamo presentado por el presidente Alfonso Portillo, cuestionando su procedencia. A los pocos días ese medio planteó lo que debe ser la postura editorial y la línea de información cuando se trate de causas y litigios planteados ante los tribunales, al leer éste último editorial se evidencia una clara contradicción al expresar que el medio no puede ser acusador, defensor y mucho menos juzgador en lo judicial.
La justicia se representa por una balanza, sostenida por una dama con los ojos vendados. En países donde existen los juicios por jurado se busca un jurado que no tenga opinión previa sobre lo que se va a juzgar, que no haya sido informado, ya no digamos influenciado por medio de comunicación alguna. Si revisamos los medios en nuestro país, especialmente los escritos, salvo raras excepciones, son culpables de prejuzgar, culpables de acusar, culpables de perseguir y culpables de condenar, dependiendo su interés particular. En otras palabras contradicen la justicia.
Hay que reconocer que aunque sea muy, muy de vez en cuando, es bueno que respetando la justicia, la ecuanimidad y la presunción de inocencia, los editoriales, la línea o los dueños, directores y gerentes de todo medio, se abstengan de intervenir respetando a los juzgadores, no patrocinando, litigando o presionando a los tribunales; sin embargo, «una golondrina no hace verano».
Si en lo personal algún dueño, accionista, director o ejecutivo de uno de los medios tiene que comparecer ante los tribunales para acusar o defenderse de cualquier hecho penal, civil o laboral, debe de abstenerse de opinar, dramatizar o peor aún deformar la información. Todos sabemos que sea un amigo o un enemigo, no podemos violar la ética, al informar u opinar debemos mantener el equilibrio que implica el Estado de Derecho.
En los temas privados o públicos, la verdad y la ecuanimidad deben prevalecer, si no lo hiciera el medio y el editorial que incurriera en este vicio, en esta anomalía, sería tan criminal como el que mata a una persona, porque estaría matando la honra de un ser humano y por supuesto traicionando a todos los lectores. En conclusión, «es preferible sufrir una injusticia que cometerla».