Cosas perdidas


Hay cosas que se pierden sin darse cuenta en el transcurso de nuestra existencia. A veces mí­nimas en otras ocasiones verdaderamente importantes. Estos elementos que nos eran propios, al haberse ido, nos delatan con el surgimiento de incongruencias en la expresión de nuestro vivir.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

¿Qué elementos podrí­amos evocar? Esto va a depender de cada persona y de sus atributos como tal. Podrí­an corresponder a la presencia de una sonrisa, al sentido del humor, al sentido de sentir, a capacidades tales como la de brindar dulzura, consideración, amor, respeto, compasión, imaginación e interés. Etc. Son muchas cosas que han intervenido en la conformación de quienes somos.

Al principio contamos con ellas y allí­ están, pero un dí­a, nos damos cuenta que algo nos hace falta. Pero tampoco, podemos definir qué. Esto que ya no expresamos como un recurso propio, en nuestro interior se encuentra reclamando su escapatoria. Además, la gente que nos conoce y quiere solicita aquello, nuestro, con lo que ha convivido.

El rostro y el cuerpo cambian. Dicen con una piel brillante y tensa, con unos ojos sin luz, con una sonrisa que no es, con un caminar vacilante y tal vez con una nariz afilada y una tremenda joroba. Que hemos dejado atrás fragmentos de las particularidades de nuestra esencia como personas.

Es del caso como forma mí­nima analizar ¿qué hemos perdido? ¿Por qué consideramos que lo perdimos? Y evaluar si en verdad deseamos que continúe ausente. A la primera pregunta cada quién ha de responderse, mirarse al espejo, mirar a lo profundo de nuestros ojos y al de los demás, mirar alrededor y al interior puede darnos algunas respuestas.

A la segunda pregunta, creo que esto puede ocurrir porque deseamos ser aceptados, tanto que renunciamos a nuestras más valiosas pertenencias. También, como una manera de adaptación en donde la honestidad y la sencillez no tienen cabida. Nos ponen vulnerables ante los demás, así­ que seguimos la corriente de la moda que se ha impuesto.

En la evaluación y el deseo o no de continuar sin nuestras propiedades cabe imaginar que tan felices somos y que tanto más podrí­amos ser. Las modas son para las masas, la sencillez y honestidad es para cada quien.

Reencontrarnos con nosotros mismos y recoger nuestros fragmentos para unificarnos y fortalecernos. Para que nuestra presencia unida y única nos dicte la conciencia de quiénes somos y verdaderamente quiénes deseamos ser.

Les pregunto (pero también me pregunto): ¿Qué se les perdió? Y sí­ Â¿Están dispuestos a recuperarlo? Sonreí­r desde lo más profundo, llorar porque sí­, iluminar nuestros ojos, caminar a través de la vida orgullosos de quienes somos: dignos, sencillos y honestos.