Cosas de adultos…


«Niños son, en su mayorí­a, los pobres; y pobres son, en su mayorí­a los niños. Y entre todos los rehenes del sistema, ellos son los que peor la pasan. La sociedad los exprime, los vigila, los castiga, a veces los mata: casi nunca los escuchan, jamás los comprende.»

-Eduardo Galeano-

No quise basar mi columna sobre datos estadí­sticos que intentan mostrar las condiciones en que vive la niñez guatemalteca. Sólo basta con ver a nuestro alrededor para observar los males que les destruyen la inocencia.

Violeta Cetino
usacconsultapopular@gmail.com

La niñez está expuesta, ya desde la etapa prenatal, a una serie de amenazas que atentan contra su integridad y que les impide, a toda costa, ejercer su derecho a ser niños. La violencia, la mortalidad, la desnutrición crónica, las amenazas ambientales y la madre de todas las amenazas: vivir la condena de un mundo sin amor.

Cual muñecos de trapo, jaloneados por su mamá, muchos caminan por la calle. Es evidente la dificultad que presentan para hacerlo, mientras sólo se escucha: «Apuráte mijo». Apenas logran dar brincos para no quedarse atrás. En casa, se les niega el derecho a participar en las pláticas, cuando alguien mayor les condena «usted no se meta, esto es cosa de adultos».

La prensa nacional amarillista y sensacionalista también ha contribuido en el fortalecimiento de la crudeza con que se trata a la niñez. Hace más de un mes, se publicó en algunos medios escritos la nota en la que un menor de 10 años fue asesinado y dejado en un terreno baldí­o con señales de tortura. La estúpida justificación de la PNC se basó en que él era «un correo de extorsionistas». Lo único que hallaron en las bolsas de su pantalón fueron unos tazos de superhéroes, que en esta ocasión, no pudieron salvarle la vida.

Muchos niños mueren soterrados por las montañas de basura en el Relleno Sanitario de la zona 3 de la ciudad capital, cuando disputan con los zopilotes los restos de comida que puedan encontrar, sin que las autoridades municipales intervengan para cambiar las condiciones de la infancia.

No importa la invención del vaso de leche, no aporta mucho el desuso del uniforme y tampoco ayuda la promoción de actividades deportivas, porque estos elementos no constituyen las raí­ces del problema.

Pareciera que el mundo es cosa de adultos… Esperarí­a que éste no sea el único destino de la niñez, en este paí­s donde el derecho de propiedad está por encima de los derechos humanos. Pero aun no es el fin; en eso consiste el cambio, en el valor, la fuerza y la entereza para pintarles otra realidad. En unos dí­as el mercantilismo anunciará la celebración del dí­a del niño. Yo, más que anunciarlo, les brindo un abrazo solidario y la promesa de trabajar por ese otro mundito que ellos y ellas merecen.