¿Corte y Parlamento centroamericanos?


Aquí­ -bendito Dios- no tenemos el monopolio de la vergí¼enza institucional del Estado. Afortunadamente la compartimos con nuestros llamados «hermanos» centroamericanos. No sólo poseemos pobreza extrema, delincuencia incontrolable, corrupción a granel, polí­ticos mentirosos, abusivos, y para colmo con ningún poder de «claridad cerebral, sino además, nos ufanamos de que fueron nuestros presidentes y nuestros parlamentos centroamericanos los que crearon dos emblemas insuperables de la desvergí¼enza í­stmica como lo son el llamado Parlamento Centroamericano y la también llamada Corte Centroamericana de Justicia. Ambas no sólo no sirven para AB-SO-LU-TA-MEN-TE NADA, sino que se han convertido en refugio de polí­ticos fracasados, cuates del presidente, ex presidentes y ex vicepresidentes, la mayorí­a de muy ingrata recordación, hasta, el colmo, de diputados vinculados al llamado «crimen organizado», especialmente el narcotráfico como ha ocurrido en Honduras y El Salvador.

Héctor Luna Troccoli

Debo decir, en honor a mi propia y muy particular apreciación, que es posible, pero asimismo muy remoto, que ambos organismos pudieran tener alguna trayectoria que aunque discreta, fuera un poco mejor visto. Para ello el famoso PARLACEN debí­a de contar con no más de 5 miembros por paí­s escogidos por todos los sectores socialmente inteligentes de cada nación. En el caso de la COCEJ, serí­a uno de los más brillantes abogados que tuviese el paí­s, sin una sola mancha que ensombreciera su pasado y su presente.

Pero no, tanto el parlacen y la cocej (con minúsculas por favor) fueron creadas por un altí­simo grupo de dirigentes sinvergí¼enzas para que sus amigos disfrutaran de la «dolce farniente» con salarios que son más que una vergí¼enza, una verdadera… calamidad, como el caso de cada magistrado de la cocej que se embolsa mensualmente SETENTA Y CINCO MIL QUETZALES, ES DECIR CASI 75 SALARIOS MíNIMOS DE UN OBRERO, LO QUE EQUIVALE A QUE ESTE OBRERO, DE ACUERDO CON LAS GENIALIDADES PARA FIJAR LOS SALARIOS MíNIMOS, DEBERíA DE VIVIR, JUNTO CON SU FAMILIA, CINCO Aí‘OS, CON LO QUE UN MAGISTRADO DE ESOS GANA EN UN MES.

Pero para terminar de hacer más inoperantes estos nefastos entes, sus disposiciones no tienen, ni fuerza vinculante, ni fuerza de ley. Y si a ello agregamos que los centroamericanos somos expertos en mandar a… la punta del chorizo nuestras propias constituciones; ¿Que pasarí­a con una disposición del parlacen o una de la cocej? De seguro nos la pasarí­amos por el… dispositivo para basura.

Estas dos figuras creadas hace algunos años, han sido el anhelo de retiro de todo polí­tico que se tenga por un… buen polí­tico hecho en Centroamérica.

Costa Rica podrí­a haber sido la excepción, al no ingresar al parlacen, pero lo malo es que le da cobijo a esa cocej, que como decí­a don Clemente, es también una «cacharpa vieja».

Nosotros ya estábamos acostumbrados a aguantar el parlacen porque aunque han existido presidentes y vicepresidentes que han dicho que lo van al menos a «renovar», ninguno ha tenido los pantalones o los faroles para hacerlo, quizás pensando en que cuando dejen la guayaba, tendrán una merecidas y bien pagadas vacaciones que les permitirá no tener que gastar sus «ahorros».

Lo que nos dejó estupefactos es el «sueldazo» que se echan los «magistrados» de la cocej. Con razón el pseudopastor evangélico Eliú Higueros está peleando hasta con las uñas que su corte lo designe ¡pobrecito!, como uno de esos magistrados chupasangre. Que te caiga bien «honestí­simo» Eliú.