Ayer el vicepresidente Rafael Espada hizo extraordinarias declaraciones por la congruencia de las mismas. Dijo que la corrupción es un mal que está en todos lados, enraizado en la vida nacional y que afecta tanto al Gobierno como a la empresa privada, las universidades, los grupos religiosos y la prensa. Efectivamente, así es la situación porque se produjo un absoluto trastoque de los valores en la sociedad a partir de la equiparación del éxito en la vida con la acumulación de riqueza sin que importen las formas y en esa visión tan peculiar todo se ha ido corrompiendo.
Es un problema generalizado en el mundo que obliga a la adopción de medidas para contrarrestarlo por el daño que el enriquecimiento ilícito causa a toda la sociedad. Pero no hay mejor forma para avanzar que mediante la transparencia, puesto que en la medida en que se conocen con detalle las formas en que se administran los recursos y se vigila el comportamiento ético de las personas, hay mejores probabilidades de enfrentar el mal. En cambio, si se escamotea información, si se ocultan datos y se desprecia el valor de la ética, es natural que se haga florecer nuevas y más dañinas formas de corrupción. Creemos que, efectivamente, tan grave es la corrupción que se deriva de la evasión de impuestos o, peor aún, del robo de los mismos mediante la apropiación de lo recaudado en materias como el IVA, como la que se manifiesta en el mal uso de los recursos del Estado. No hay diferencias entre una y otra actitud. Creemos que es también inaceptable que las universidades vendan títulos o que los medios de prensa vendan su conciencia a cambio de una pauta o que el periodista cobre para escribir a favor o en contra de algo o de alguien. Todo eso tiene que ser conocido y repudiado por la sociedad, pero insistimos en que la transparencia es el paso fundamental, sobre todo porque, como dijo Espada, no es fácil detectar las huellas de la corrupción porque ésta no deja pistas, ya que el pícaro se encarga de encubrirlas. Por ello es que ahora que le vino un importante momento de claridad al Vicepresidente, es de aprovechar para decirle que si quiere aportarle algo al país, es momento de que demande transparencia en el Gobierno y que cese el ocultamiento de información sobre la forma en que se gastan los recursos públicos. Si ya se dio cuenta de cuán grave es el problema, le damos la receta para ayudar aunque sea un poco. Exija transparencia a su mismo gobierno para sentar un sano precedente.