Corrupción institucionalizada


Recientemente alguien nos decí­a que en Guatemala la corrupción ha causado efectos similares a los provocados por este copioso invierno. Así­ como los terrenos se han saturado y hay deslizamientos por todos lados, la sociedad se saturó de corrupción y por eso surgen escándalos a granel, porque todo el sistema está totalmente podrido.


Y que conste que estamos convencidos de que el mal no se limita únicamente al sector público, a los polí­ticos y a unos cuantos empresarios. En realidad es la sociedad en su conjunto la que llegó a corromperse de tal manera que sus miembros avalamos la picardí­a como un acto de inteligencia y viveza y descalificamos la honestidad como sinónimo de estupidez por no aprovechar las oportunidades.

Injusto serí­a decir que únicamente los polí­ticos y los servidores públicos juegan el juego de la corrupción, porque la verdad es que su práctica se ha generalizado de tal manera que se observa aun en relaciones que nada tienen que ver con el Estado.

Dentro de las empresas y en acciones individuales mostramos falta de decencia y decoro porque se afianzó la idea de que el éxito se mide por el dinero que una persona acumula y eso abre las puertas a que toda práctica que genere riqueza, al margen de su ética, es avalada y aceptada socialmente.

Pero tenemos que entender que, desgraciadamente, la generalización de la corrupción nos coloca en una senda de autodestrucción porque al permitir que se prostituyan todas las instituciones perdemos aquello que puede ser el freno a la penetración y dominio del crimen organizado, especialmente del narcotráfico.

Y es que si la mordida y la comisión son una práctica tan común, tenemos que entender que los criminales que tienen que lavar su dinero tienen infinito más poder que cualquier otro, por rico que pueda ser, porque disponen de recursos ilimitados para sobornar, para dar mordidas y pagar comisiones.

Mientras generalizada sea la podredumbre y la corrupción, más se abren las puertas para que ese dinero sucio del crimen organizado y del narcotráfico sea el que marque la pauta en la actividad económica y no tardarán en quedar desplazadas aquellas empresas «serias» que sienten que se han «visto obligadas» a participar del juego, porque no tendrán capacidad para competir con los millones de la droga.

Y todos vemos que el paí­s avanza en una senda de autodestrucción, pero el cinismo de muchos hace que se piense en sacar raja y provecho de las prácticas sucias que producen riqueza instantánea. Cuando se quiera revertir el fenómeno será muy tarde porque no habrá institución solvente que nos pueda servir de referente.