Correo electrónico de Romualdo Tishudo


Mi incondicional amigo Romualdo Tishudo, como si no pudiera hablarme personal o telefónicamente, me envió un correo electrónico, para plantearme dos asuntos que, según su amplio y diversificado criterio, podrí­an ser de interés para los contados lectores de esta columna.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Q- Mi compadre se encuentra un poco aturdido, a consecuencia de una noticia que leyó en La Hora, que se refiere a que la embajada de Estados Unidos dio a conocer el informe que sobre la situación de los derechos humanos en Guatemala, divulgó el gobierno norteamericano.

Ese análisis fue presentado por el Departamento de Estado de los USA al Congreso de esa potencia, en forma conjunta con otros 190 diagnósticos de igual número de paí­ses. Mr. Tishudo está de acuerdo con que se critique la violación a los derechos humanos en Guatemala y en otras naciones; pero, a la vez, propone que el gobierno del presidente Colom realice un análisis acerca del irrespeto a los derechos fundamentales del hombre en Estados Unidos.

Sugiere Romualdo que la Cancillerí­a, la Copredeh y la Procuradurí­a de los Derechos Humanos designen una comisión de expertos, para elaborar un documento sobre el acoso y abusos que sufren los indocumentados en aquel paí­s, las torturas de que son ví­ctimas los prisioneros en la base naval de Guantánamo y las circunstancias de los jornaleros guatemaltecos que son explotados en EE.UU.

Terminado el estudio, la Cancillerí­a presentarí­a su informe al Congreso de la República y lo enviarí­a a la embajada guatemalteca en Washington, para que lo difunda en los diarios y noticiarios norteamericanos. «Así­ estarí­amos a mano», enfatiza mi paisano.

Q- Uno de los anuncios publicitarios que más se divulgan en los medios televisivos del paí­s, es el que muestra a grupos de jóvenes generalmente rubios y señoritas seductoras que disfrutan de la vida en la playa, al ritmo de pegajosa música tropical, mientras consumen cerveza, que es el eje de esa publicidad, me dice Romualdo en la segunda parte de su emilio.

Ahora resulta -agrega-, que la misma empresa cervecera que alienta a la juventud a que consuma esa clase de bebida embriagante -como peculiar fórmula para alcanzar la felicidad y el éxito- realiza una campaña encaminada a que los jóvenes y consumidores en general no beban cerveza en exceso.

El señor Tishudo señala que es absurdo que unos muñecos denominados «dummies», recorran bares y discotecas capitalinas en horas nocturnas, para entregar volantes a 2,500 personas cada noche, «buscando reducir la incidencia de conductores en estado de ebriedad».

Al respecto, señala Romualdo, «ya me imagino el interés de adultos maduros, muchachos y señoritas de leer tales volantes, cuando se encuentran en plena juerga, consumiendo cualquier clase de bebidas alcohólicas, incluyendo cerveza».

Es como si un padre de familia -agrega mi paisano- le comprara dulces a sus hijos estudiantes de primaria, y en ese mismo momento les advirtiera que no es bueno para su salud comer esa clase de golosinas, porque les puede provocar diabetes, obesidad o caries dental.

«Son las bellezas de la sociedad de consumo», concluye mi confundido camarada.