Corea del Sur es la mayor amenaza en este momento para la telenovela latinoamericana por estar vendiendo sus propias producciones a los vecinos asiáticos, pero además ha comenzado a entrar en países como México y Bolivia.
Y a Corea le sigue con menos fuerza Alemania, que ha empezado a realizar telenovelas para ganar así el mercado de sus vecinos europeos.
Corea del Sur empezó a producir sus propias telenovelas hace unos cinco años con subsidios del Estado y «una estrategia muy fuerte», con la que «quieren llegar no sólo a un público asiático, sino a todo el mundo», explicó Amanda Ospina, organizadora de la V Cumbre de la Telenovela, que concluyó este viernes en Barcelona (este de España).
El país empezó a vender a sus vecinos, en los últimos tres años «desplazaron a la novela latinamericana» en esos países y «hoy ya están posesionados en varios países como Malasia y Filipinas, continuó.
Se trata de una «competencia desleal, porque quien está detrás de esas producciones es el gobierno», criticó José Escalante, director de la distribuidora israelo-argentina Dorimedia.
Esto está produciendo un efecto de «dumping», en el que las telenovelas latinoamericanas se ven obligadas a veces a negociar sus precios a la baja, según Ospina, analista y directora de la revista especializada TVMas.
En Asia también realizan telenovelas Tailandia y Hong Kong, pero sin la proyección de los surcoreanos.
Firas Al-Humoud, director de ventas de la productora y distribuidora jordana Media Marketing y Production East, también constata que «Corea del Sur está compitiendo de manera muy fuerte con las telenovelas latinoamericanas».
Las producciones surcoreanas, que él empezó a comprar el año pasado para emitir en las cadenas del mundo árabe, les «dan menos problemas» que las latinoamericanas.
Los canales árabes, además de doblar las telenovelas latinoamericanas, tienen que eliminan escenas «inconvenientes» como las de amor o las de homosexuales, ya que si no las eliminan, las autoridades prohíben su emisión.
«Por eso estamos probando los dramas surcoreanos, nos dan menos problemas», ya que son más «ligeros» y no tienen que eliminar escenas, estima.
La venezolana RCTV ha notado la competencia surcoreana en los países asiáticos, reconoce su vicepresidenta, Guadalupe D’Agostino, que subraya que sus producciones «son completamente distintas», con un «ritmo mucho más lento».
Además de ello, los productores surcoreanos han comenzado a introducirse en los países latinoamericanos «regalando» sus telenovelas a cadenas con poca capacidad de compra tras doblarlas.
El fenómeno comenzó hace dos años, cuando una cadena de televisión regional mexicana difundió una, doblada en México, y actualmente hay tres producciones de este país asiático en México, Bolivia y un canal regional de Colombia.
Pero según Escalante, la mayor amenaza se produce en Asia, donde el producto latinoamericano pierde espacio, no en los países latinoamericanos, donde «todavía no son competencia».
La cuestión cultural no parece ser un problema para la telenovela surcoreana en Latinoamérica. «A través de sus telenovelas estamos descubriendo las similitudes que existen entre Latinoamérica y los asiáticos, somos países tercermundistas», «similares en las emociones», según Ospina.
Alemania por otra parte «despegó» hace tres años en el sector comprando el guión de «Betty la fea» para adaptarlo y lo ha vendido a varios países de Europa del este y a Francia. Con esta estrategia «está quitando mercado a Latinoamérica en Europa del Este, en Francia y en Estados Unidos», añade.