Copiosas lluvias, pero Empagua raciona lí­quido vital


Nada extraña ya en nuestro medio. Suceden cosas inauditas, cada vez incomprensibles en toda la lí­nea de carácter obtuso y extremadamente dañino. Estamos en plena época lluviosa, a niveles que rebasan anteriores. Pero, Empagua hace tiempo tiene en marcha un plan de racionamiento del servicio, aunque sus voceros muy campantes afirman es racionalización.

Juan de Dios Rojas

Ante la sorpresa de millares de usuarios que pasan situaciones crí­ticas, no convencidos del plan objetable, el abastecimiento de agua entubada consiste en una visible reducción de la presión. Tras corto tiempo sobreviene un chorrito que es mucho decir seguido de gotas en disminución, hasta la suspensión alarmante del elemento el resto del dí­a.

Sabemos y sentimos en carne propia el hecho que en horas tempraneras hay gran demanda de agua. Diversas necesidades, vinculadas a usos y costumbres de rigor son satisfechas en la jornada matinal. Para el aseo personal, preparación de alimentos debidamente lavados, así­ como el lavado de ropa, es necesaria el agua, a parte de la limpieza del hogar.

Tampoco dejemos pasar en alto el recurrente fenómeno social del crecimiento poblacional de la metrópoli chapina, el mayor asentamiento humano. Que sea base fundamental de ese criterio de Empagua, no se descarta. Empero, amén del plan de racionamiento, deben concientizarse del compromiso de dotar al enorme número de usuarios del lí­quido, prioridad uno.

Por más vueltas que demos a la cabeza, resulta un desatino, contrastante con la actual temporada de lluvias copiosas, origen de innumerables calamidades en todo el paí­s. El dicho popular dice: la cadena montañosa llora agua a torrentes que causan derrumbes, deslaves y desbordamiento de rí­os; inundaciones arrasantes de viviendas, infraestructura y ruina vial.

Existe resistencia colectiva respecto a las polí­ticas empresariales decididas por Empagua en tiempos de crisis y multitud problemática. Para el caso bastan dos dedos de frente con miras a objetar, cuestionar y reprobar esa actitud, rayana en detrimento del bien público. Dificultades con las lluvias propiamente y por el desafortunado racionamiento.

Hasta la saciedad son tildadas las municipalidades del interior en el sentido que hay incumplimiento de la cloración del agua entubada. Se ve con facilidad lo ajeno; sin embargo, por descuido, olvido y por que no les da la gana, vemos que Empagua no hace lo propio en algunos sectores, al menos pienso yo, puesto que llega el lí­quido oscuro y sucio.

Repetición de la historia, sin duda, aunque pasen los años y cambian las administraciones municipales, relativamente. Tiene real y dañino objeto la discriminación, imposible aparezca su alejamiento. A pesar del referido y molesto racionamiento en el ámbito capitalino, alcanza protagonismo el caso de abastecimiento normal en zonas privilegiadas.

Si todos, por mandato constitucional son iguales ante la ley y por ende gozan de los mismos derechos y tienen obligaciones similares, esto queda en letra muerta. En cualquier asunto, caso y hecho corriente, fácil viene a ser la notación que nunca se emplea el mismo rasero. Existen los eternos favorecidos y los olvidados desde siempre.

«De gota en gota el agua se agota» reza cierta publicidad al respecto, de parte por supuesto de la entidad mencionada, que opera lo atinente al preciado lí­quido en la capital. Los usuarios no conciben la condición contradictoria del racionamiento en cuestión, a pesar de la descomunal intensidad de los aguaceros epocales que hacen historia.

Creo que si no la totalidad, una cifra considerable de usuarios tiene actitudes positivas en relación al uso racional del agua. Que los hay, los hay, quienes aún hacen mal uso de este elemento natural. Cuestión de conciencia, cultura y cooperación en favor de la ciudad y los habitantes que vivimos bajo el alero de la capital, a la que nos debemos.