Coperacha para los magistrados de la CC


  Presumo que la mayorí­a de mis contados lectores ha sufrido alguna vez de un horrendo dolor de muelas. Y lo más jodido es que generalmente el padecimiento se presenta o se agrava en la noche.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

   Me imagino que sobre estos avatares de la vida del ser humano, habrán reflexionado los honorables magistrados de la Corte de Constitucionalidad, cuando, después de minuciosas discusiones en las que han de haber abundando experiencias que arrancaron regocijantes carcajadas -pero que en su momento fueron tormentosas-, acordaron que cada uno de estos excelsos habitantes de nuestro floreciente paí­s dispusiera de decorosa cantidad de dinero para pagar los honorarios de afortunados odontólogos que cayeran en sus manos, como lo ha dado a conocer mediante documentados reportajes la esmerada periodista í‰ricka Marroquí­n Saravia, del diario Siglo Veintiuno.

   Además, por muy magistrados que sean, los integrantes de la Corte de Constitucionalidad también son de carne y hueso, aunque algunos con más prominencias carnales que ocultas osamentas, de manera que no son inmunes a padecer algunas enfermedades que adolece el resto de sus congéneres, aunque no tan vulgares como las que sufren quienes devoran almuerzos de Q12, o digieren tostadas con salsa, frijol o con guacamol en cualquier puesto callejero, o chuchitos de carne de coche, tamalitos de chipilí­n o rellenitos de plátanos debidamente aderezados con bacterias y amebas.

   Cae de su peso que un magistrado -o magistrada, en su caso- no va a cometer el desatino de comer esas delicias culinarias del pueblo arrabalero resistente a cualquier microorganismo, pero de todas maneras corre el riesgo de sufrir un accidente –como le sucede a cualquier mortal- o contraer determinada enfermedad de esas de cashé, que hasta mejoran el estatus de quien las padece, y que, en ese sentido, las engalana con pelos, señales y quetzales.

   Al tomar en consideración los anteriores superfluos argumentos, nadie deberí­a escandalizarse porque cada magistrado de la CC, tenga la opción de pagar -aunque en estas circunstancias el concepto más apropiado es invertir, dada la naturaleza de los prominentes sujetos- la módica cantidad de Q300 mil al año en gastos médicos. Sí­, así­ como lo lee. Equivale a Q25 mil mensuales, o sea Q833 y pico al dí­a. Sólo la honorable Gladys Chacón Corado gastó o invirtió en medicinas, honorarios y viáticos Q678,261 durante un año, cabalmente cuando fue presidente de la augusta.

   Con excepción de quien ahora preside la Corte, el saludable Francisco Flores Juárez, quien recatadamente no ha utilizado esas prerrogativas, los restantes cuatro miembros de la CC pagaron un millón 200 mil quetzales en gastos médicos durante tres años, sin tocar un solo len de su miserable sueldo que apenas es de Q72,716 mensuales, si se trata de un magistrado raso, pues el Presidente percibe Q87,230. (De pasada, sugiero que hagamos una coperacha para auxiliarlos).  

   Al dividir los Q72,716 que devenga al  mes un magistrado de la CC en 30 dí­as, su magro salario es de Q2,423.87 diarios, y en el caso de que hiciera uso de los Q300 mil anuales en gastos médicos, se sumarí­an Q833, para hacer un total de sólo Q3,256 diarios, un poco menos de los Q3,600 al año que en varias regiones del paí­s le pagan a un afortunado campesino.

   Aunque hay una gran diferencia entre un culto jurista y un rústico jornalero que ni siquiera sabe lo que significa pudor.

   (Me contó Romualdo Tishudo que en cierto paí­s la esposa de un magistrado constitucionalista que no podí­a tener hijos se enteró que una mujer que era estéril quedó embarazada con sólo ir a una iglesia de Paraguay y rezar un Ave Marí­a. Su marido le pagó el viaje al pueblo paraguayo aludido y al localizar al cura de la parroquia le explicó lo que le contaron, ante lo cual el sacerdote repuso: -No fue un Ave Marí­a, hija mí­a, sino un Padre Nuestro, pero ahora es Presidente de la República).Â