Enfrentados en lo cotidiano a la crisis y a la amenaza que pesa sobre miles empleos, los franceses fueron llamados por los sindicatos a una jornada de huelga el próximo jueves.
El llamado al paro fue lanzado, en un hecho poco habitual, por la totalidad de las centrales sindicales francesas, en defensa del empleo, del poder adquisitivo y de los servicios públicos, todas las cuales anunciaron una movilización sin precedentes.
Esta jornada de acción cuenta también con el apoyo de todos los partidos de la izquierda, y de un gran número de diversas asociaciones de base, así como de padres, vecinos o jóvenes, organizadas en verdaderas redes de comunicación a través de la Internet.
«Esta jornada tendrá una participación muy importante de los trabajadores, impresionante, y sin duda mucho mayor de lo previsto en los últimos años», afirmó Bernard Thibault, secretario general de la principal central sindical francesa, la CGT.
Los anuncios sindicales parecen tener una buena base en el clima social particularmente delicado que se vive actualmente en Francia, con una inquietud latente frente al desempleo y por un eventual deterioro de las condiciones financieras que dicen sentir dos tercios de los franceses.
«Los trabajadores tienen la impresión de estar pagando la crisis con sus empleos, sus salarios, sus derechos sociales, una crisis de la que no son en nada responsables», comentaba hace unos días Franí§ois Chérí¨que, jefe de la CFDT, segunda gran central sindical francesa.
Luego de estallar la crisis, en septiembre pasado, el presidente francés Nicolas Sarkozy había anunciado un plan de auxilio en favor de los bancos por un monto de 360 mil millones de euros.
En esta línea frente a la crisis, la semana pasada, el primer ministro Franí§ois Fillon anunció que el gobierno entregaría entre 5 mil y 6 mil millones de euros para apoyar a los constructores de automóviles franceses, en su sector donde se han perdido varios miles de puestos de trabajo.
Sin embargo, la oposición y los sindicatos consideran que estas medidas muestran claramente la orientación de un gobierno que prefiere favorecer en primer término a los banqueros y los industriales, en lugar de sostener el poder adquisitivo de los franceses, tal como lo había repetido el presidente Sarkozy durante su campaña.
A esta situación en el plano económico se agrega la provocada por una serie de controvertidas reformas impulsadas por el jefe del Estado en los temas de educación, jubilaciones, justicia y comunicaciones.
La huelga del jueves debería tener un amplio eco en la Educación nacional y la función pública, sectores movilizados desde hace meses contra la supresión de varios miles de puestos de trabajo.
Igual situación debería producirse, según diversas estimaciones, en los servicios del correo, donde existe un importante cuestionamiento de los planes de privatización de este servicio, así como en el sector de la radio y la televisión públicas, movilizado contra una controvertida reforma aplicada antes de ser votada en el Senado.
Los transportes tanto urbanos como interurbanos de buses, metro y ferrocarriles, deberían también estar fuertemente perturbados y lo hospitales sólo deberían funcionar con sus servicios de urgencia.
Signo de la importancia que el gobierno acuerda a esta movilización, el presidente Sarkozy postergó una gira por Africa que tenía programada esta semana.
«No quería estar en el extranjero en un día de huelgas», según fuentes del palacio presidencial del Elíseo.